La distancia provoca olvidos y desintereses entre individuos y pueblos, por eso a los mexicanos poco importa lo que sucede a los africanos, como en África no interesa lo que sucede en México.

Ni los enfrentamientos tribales en África, provocados por franceses e ingleses, agentes extranjeros que provocan choques y enfrentamientos entre los africanos para que mientras se matan en guerras tribales, ellos puedan saquear marfil, oro y diamantes; ni la pandemia del SIDA, creciente casi de manera exponencial en el continente africano, interesan a los mexicanos. De igual modo, a los africanos les tiene sin cuidado el alarmante número creciente de secuestros, mutilaciones y asesinatos perpetrados por bandas de secuestradores en México, así como la guerra contra el narcotráfico, azuzada también por agentes extranjeros que en los Estados Unidos venden armas a los narcotraficantes a fin de fortalecer el mercado de estupefacientes que embrutecen a la población.

Estos desintereses de mexicanos por africanos y de África por México no cambia ni oculta las realidades que viven ambas naciones ni elimina las tragedias que sufren ambos pueblos, porque sus trágicas circunstancias no las abate ni la distancia entre los continentes ni el desinterés de ambos pueblos del uno por el otro. Sin embargo, africanos y mexicanos padecemos y somos víctimas del mismo mal.

Del viaje apostólico de Benedicto XVI al Continente Negro lo que repercutieron los medios informativos fue su pronunciamiento acerca de que el problema del SIDA no se puede superar con la promoción del uso de preservativos, porque así sólo se aumenta el problema. La prensa mexicana en nada reflejó la tragedia que se vive en África, añadida al SIDA, que es la proliferación y venta de falsos medicamentos que se venden en las calles, sobre lienzos de manta o de plástico (igual que en México se vende todo el mugrero de manufactura pirata), que prometen curar la enfermedad, medicinas de las que se dice son importadas, pero que no son más que pastillas de azúcar o de talco comprimido. La prensa tampoco informó sobre la abierta denuncia que el Papa hizo de las masacres de africanos, del robo de niños para convertirlos en soldados ni de los millones de africanos mutilados por las minas anti-persona que los hombres blancos allí han sembrado.

De regreso a Roma, durante el vuelo, el Papa dijo a los periodistas de medios internacionales, que con él viajaron, que a pesar de las tragedias que en África se viven, le había impresionado “la cordialidad casi exuberante, la alegría de una África en fiesta. Me parece -dijo- que han visto en el Papa, por decirlo así, la personificación del hecho de que todos somos hijos y familia de Dios. Esta familia existe y nosotros, con nuestras limitaciones, formamos parte de ella y Dios está con nosotros. También me ha impresionado mucho el espíritu de recogimiento en las liturgias, el fuerte sentido de lo sagrado”.

Pero el Papa también expresó que le ha llegado al corazón “ver el mundo de los múltiples sufrimientos, todo el dolor, la tristeza, la pobreza de la existencia humana, pero también ver cómo el Estado y la Iglesia colaboran para ayudar a los que sufren. Se ve que las personas cuando ayudan a quienes sufren se vuelven más personas y el mundo se vuelve más humano”.

Esto que el Santo Padre dijo, que “cuando las personas ayudan a los que sufren, el mundo se vuelve más humano”, es lo que, a pesar del desinterés entre mexicanos y africanos, nos hace compartir intereses, porque ambos pueblos sufrimos las consecuencias del mal, que se refleja en guerras y en violencia que son provocadas por hombres ajenos a nuestras culturas, razas y pueblos, que han logrado ejercer dominio sobre nuestros criterios.

La única solución al problema SIDA, promovida por los mismos agentes que provocan guerras entre tribus africanas y que venden armamento norteamericano a traficantes mexicanos, se ha centrado en la promoción masiva, en todo el mundo, del uso de preservativos en las relaciones heterosexuales y homosexuales, prometiendo y asegurando que con eso se acabará la epidemia, aunque saben que no es verdad.

Benedicto XVI, en cambio, dijo en África que la solución para disminuir el problema del SIDA, consiste en “una humanización de la sexualidad, una renovación espiritual y humana que implique un nuevo modo de comportarse el uno con el otro”, lo que evidencia que la promoción del uso de preservativos deshumaniza la sexualidad y libera del compromiso afectivo mutuo.

A pesar de la distancia y del desinterés entre México y África, la necesidad de ser más humanos y de acabar con el sufrimiento, es la misma.

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