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En octubre de 1942, la prensa de la Ciudad de México destacaba en su sección policiaca las historias de dos singulares homicidas: Gregorio Cárdenas Hernández y Ricarda López Rosales. El primero había asesinado a cuatro mujeres (en realidad a tres prostitutas menores de edad y una estudiante de 21 años) y la segunda, envenenó a sus dos hijas.

Generalmente cuando se trata de paz, de una manera o de otra terminamos citando a Jesucristo. Sea en las bienaventuranzas, sea en el famoso dicho “Mi paz les dejo, mi paz les doy. No como la da el mundo…” por eso, tal vez resulta novedoso que la premiación de los premios Oscar, el actor que ganó el premio a la mejor actuación que aprovechó su discurso recordando a su hermano que decía: “Si yo doy amor, la paz seguirá”. Un concepto muy importante: en ello queda claro que la paz es algo que debemos de construir, no esperar que nos llegue sin esfuerzo.

¿Cuántos comunicadores católicos hay en México? Hace unos pocos años, en la primera visita del Papa Francisco a México, hubo casi 700 medios católicos que solicitaron su acreditación para las conferencias de prensa del Papa. Para muchos, incluyendo el que esto escribe, fue una gran sorpresa. Claro, hay de todos tipos y tamaños de organizaciones de comunicación y, aprovechando las ventajas de las redes sociales, ha habido una auténtica explosión de grupos e individuos que, desde sus creencias católicas, hacen comunicación para la población. Sin embargo, hay algunos que destacan por su longevidad. Muchos otros tienen una vida relativamente corta, un alcance limitado, y se sostienen en la medida en que su fundador sigue al frente. El pasado dos de Agosto fuimos testigos de un evento excepcional. En la reunión mensual de SIGNIS México, dos organizaciones muy relevantes en este medio firmaron un convenio de colaboración.

Lo digo con toda simpleza: En el fondo siempre será más dolorosa la crisis en los periodistas que la crisis en los medios de comunicación. Los medios de comunicación pueden padecer un sinnúmero de peligros que amenazan su supervivencia (el más grave siempre será la viabilidad económica); sin embargo, cuando los periodistas entramos en crisis, la sociedad misma está en riesgo.

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