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La película de nombre “Inesperado” (Unplanned) es un testimonio, un gran testimonio de vida, de conversión de vida, por una parte, y de revelación del gran negocio de la muerte disfrazado de ayuda a la mujer. Es el efecto estremecedor de enfrentarse a la evidencia médica. “Lo que ella vio, dice la presentación del film, lo cambió todo”.

“No eres el centro del universo. En realidad, a nadie le importas. Es duro, pero es verdad […] yo estaba infernalmente ocupado sin alcanzar nada; de hecho, era mucho peor que nada: Era destructivo, despilfarraba dinero, tiempo y relaciones. Fallé repetidamente. Compré mi propia porquería. Después de mi enésimo fracaso, una increíble comprensión me invadió: a nadie le importé. Nadie recordaba mis errores. Aquí y allá las personas apenas tenían recuerdos débiles, pero se desvanecieron rápidamente. Yo era libre”. Este escalofriante texto fue publicado masivamente en marzo 2013; pero no provino del diario de un desequilibrado mental sino del artículo principal de la revista Forbes escrito por el exitoso Brent Beshore, CEO/fundador de una moderna compañía de inversión.

“Hasta los 26 años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo, y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas, con un grande y vano deseo de ganar honra”: así comienza la Autobiografía de Ignacio de Loyola (núm. 1). En estas palabras se hallan también las líneas principales de la película Ignacio de Loyola, producida por los jesuitas de Filipinas: el hombre dado a las vanidades y  a las armas, los deseos propios de un caballero de ganar honra, los grandes deseos y lo que Dios hará con ellos.

La masculinidad y sus desafíos en las sociedades contemporáneas es quizá uno de los menos visibles y más apremiantes temas de reflexión social moderna. Ubicado en el fondo de las urgencias culturales -por la necesaria atención al dramas acuciantes-, el lento y doloroso aprendizaje sobre las nuevas masculinidades suele pasar desapercibido por prácticamente todos los sectores sociales. Y es justo donde ‘Hombres al agua’ (Le grand bain, 2018) ofrece un pequeño atisbo a un espacio sumamente desconocido.

La película “Ignacio de Loyola”, producida por los jesuitas filipinos (Jesuit Communications Foundation), próximamente se estrenará en México. En España se exhibió en 2016. Este 30 de septiembre se presentó en premier privada. No sólo es excelente filme en términos generales, que ha ganado varios premios, sino que en mi opinión tiene un valor particular, que es a donde quiero llegar.

Dentro de la estrategia de Disney de hacer en live-action sus grandes éxitos animados, tras las más tempranas 101 Dálmatas y Alicia en el País de las Maravillas, hemos visto en los últimos años desfilar a Maléfica, Cenicienta, El libro de la selva, La Bella y la Bestia, Christopher Robin y Dumbo. Le llegó el turno a Aladdín y detrás vienen ya anunciadas El Rey León, La dama y el vagabundo, Mulán y La Sirenita. Amén de la crisis de contenidos originales que esto presenta, siempre es la oportunidad de revivir un clásico e incluso darle un giro original aprovechando la familiaridad y buena disposición de la audiencia. Desafortunadamente, es una oportunidad que con Aladdín se dejó pasar.

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