“Hasta los 26 años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo, y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas, con un grande y vano deseo de ganar honra”: así comienza la Autobiografía de Ignacio de Loyola (núm. 1). En estas palabras se hallan también las líneas principales de la película Ignacio de Loyola, producida por los jesuitas de Filipinas: el hombre dado a las vanidades y  a las armas, los deseos propios de un caballero de ganar honra, los grandes deseos y lo que Dios hará con ellos.

El guion del filme tomará algunos pasajes de la Autobiografía, en los números que van del 1 al 73. Terminará cuando, después de la prisión de Salamanca, Ignacio decide  ir a estudiar a París “por los mismos deseos que tenía de aprovechar a las almas” (Autobiografía, 71). “Y así partió para París solo y a pie” (ib., 73)

La historia filmada vuelve varias veces a Ignacio con su padre y hermanos, para caer en la cuenta de los valores aprendidos en la familia de Loyola como la honra, la fortaleza para llevar adelante unos propósitos, el deber cumplido, el respeto, precisamente porque no es una familia de la nobleza o de acaudalados, sino de caballeros. “Ser caballero es un modo de existir –dice Carles Marcet- cimentado en el valor de la honra”, como en la novela del Amadís de Gaula.

El joven y atractivo Iñigo es dado a fiestas y conquistas amorosas, aunque una jovencita en particular estará en sus pensamientos: Catalina, hermana de Carlos V, según una de las hipótesis que se manejan de “una que tenía tanto poseído su corazón, que estaba embebido en pensar en ella dos y tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora (…), los hechos de armas que haría en su servicio” (Autobiografía, 6).

Ignacio se esmera, además,  como militar en el servicio del Duque de Nájera y Virrey de Navarra, hasta la toma de Pamplona (en 1521), donde el joven Iñigo cae gravemente herido de una pierna, por una bala de cañón, después de combatir con entereza y valentía. El golpe de bala no será nada en comparación con el golpe interior que vivirá Ignacio convaleciente en su casa: no es sólo la pierna la que se ha roto, sino algo mucho más íntimo pero con el que no sabe aún qué hacer, sino –al menos- hacer penitencia por su vida pasada e imitar a los santos. Hasta que delante del altar de nuestra Señora de Monserrat decidió “dejar sus vestidos y vestirse las armas de Cristo”

Los pensamientos y deseos se agitan en su convalecencia de Loyola, “fuese de aquellas hazañas mundanas que deseaba hacer, o destas otras de Dios que se le ofrecían a la fantasía” (Autobiografía, 7). Pensamientos, deseos, imaginación, que son el incipiente discernimiento de Ignacio para su primera decisión: dejar su vida pasada y ponerse todo él al servicio de Dios. Experiencias de la vida, conversaciones y relaciones, deseos e imágenes, vida de Cristo y de los santos, que serán materia prima para su método orante de contemplación.

Una de las secuencias más hermosa de la película es precisamente cuando Ignacio invita a la oración y a la imaginación con la joven prostituta, a quien devuelve su dignidad de mujer y creatura de Dios. Y también cuando la película representa en otra hermosa secuencia la relación personal del nuevo Ignacio y de un Jesús niño, que hace más cercana la humanidad de Cristo.

En el clímax de la película, en la lucha de dos espíritus, el guerrero Ignacio experimentará en carne viva que el principal combate es contra él mismo, contra todo lo que él trae internalizado de un mundo vacío de Evangelio y contaminado de vanidad, poder, codicia, orgullo, “contra su propia sensualidad y contra su amor carnal y mundano”.

Y como “los que más se querrán afectar y señalar en todo servicio de su Rey eterno y Señor universal” (Ejercicios Espirituales, núm. 97), Ignacio hará su oblación al Eterno Señor de todas las cosas de seguirlo en el camino de pobreza, humildad y servicio, militando en la Iglesia.

La película se detiene hacia el final en un capítulo al que el mismo Ignacio dedica bastante explicación en su autobiografía: sus conflictos con la Inquisición, en Alcalá y en Salamanca, porque sospechan que puede caer en el ‘iluminismo’, por no tener estudios y hablar de Dios y de la vida cristiana, sospechas que lo llevan a prisión y a continuos juicios. Pero impulsado por el amor de Dios y por ayudar a la gente, Ignacio no aceptó más que le callaran y “se determinó de ir a París a estudiar” (Aut. 71).

En síntesis: El soldado se convierte en peregrino, para seguir caminando, buscando, luchando; el caballero de Loyola se transforma en el caballero al servicio de Dios y del Rey Eterno; el servidor de Dios se vuelve  humilde y generoso en el servicio a los más pobres; el hombre pecador y cegado por el mundo es el hombre iluminado por el Lucero del Alba y enamorado por el Amor. Al final, el amante amado se ofrece con todo lo que es y tiene: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad…” (EE. 234)

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Ignacio de Loyola (2016) - Director: Paolo Dy  - Producción: Jescom Philippines – Música: Ryan Cayabyab – Actores: Andreas Muñoz (Iñigo), Javier Godino (Santi), Lucas Fuica (Don Beltrán), Julio Perillán (Padre Sánchez), Tacuara Casares (Catalina) – 120 min.


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