En México, celebramos el día de la mujer el 8 de marzo. En otros países celebran en día internacional de la mujer el 11 de marzo. Sea como sea, este festejo nos lleva a reflexionar en lo que significa ser mujer. Lo sabemos, como sabemos tantas cosas. Pero también ahora hay planteamientos tan complejos que viene bien partir de lo evidente.

Y, evitar que la superficialidad nos haga olvidar el aprecio que merecemos, así como lo que se espera de nosotras. ¿Qué esperamos ese día? ¿Qué mensaje queremos dar? Porque hay muchas voces que gritan venganza más que reivindicación, que proponen desprecio más que equidad, que buscan la independencia más que la complementariedad, entre el hombre y la mujer. ¿Defendemos el feminismo o lo femenino?

Inicialmente los movimientos feministas buscan la reivindicación de la Igualdad de derechos civiles y políticos para la mujer, tal como la tenía el hombre, con el fin de ejercer la plena ciudadanía. Pero la legitimidad de estas demandas se desfigura gracias a las ideas que Betty Friedam expone en su libro “La Mística de la feminidad”. Ella añade la igualdad sexual de la mujer y del hombre. Para eso, es necesario liberar a la mujer del embarazo. Este sueño se torna real con el descubrimiento de la píldora y de otros métodos anticonceptivos. Aunque el paso contundente es la defensa del aborto para remediar los fallos de los medios para impedir los embarazos.

Así se explica ver el aborto como un derecho de la mujer. Y ¿qué sucedería si el hombre ahora buscara un derecho para no quedarse atrás?

Pero con el aborto ya no es necesaria la defensa de las madres o de las mujeres embarazadas. Con lo cual se da un fuerte golpe a la familia natural. Además, para defender el feminismo, la política se pronuncia por la familia monoparental y por la inseminación de lesbianas y mujeres solas.

En contraste con todo esto, lo femenino reconoce la tendencia natural de la mujer a ser madre y la necesidad del apoyo responsable del padre, en comunidad de vida, en configuración de una familia. Con la proliferación de familias así se asegura el futuro de la sociedad, y se fomenta la felicidad de las personas porque se reconoce y valora lo natural.

Lo natural es la maternidad para la mujer y la paternidad para el hombre. Lo natural es valorar el proceso de la madre de engendrar, parir y amamantar, así como la complementariedad del hombre al acompañar y proteger a la madre y al hijo.

Nuevamente, el día de la mujer nos interpela. ¿Busco la venganza para pisotear al hombre por lo agravios a la mujer? ¿No reconozco a ningún hombre con capacidad para querer y apoyar a la mujer? Y si encuentro a un varón justo ¿por qué lo trato como si no lo fuera?

Es una utopía un mundo sólo de mujeres ¿eso buscamos? Ojalá nos demos cuenta de que desfigurar la realidad, desfigurar la familia, desfigurar lo singular y característico de la mujer nos hace profundamente infelices. Al desfigurarnos desfiguramos también al hombre.

Si nos decidimos a aceptarnos, si nos decidimos a diseñar un futuro de colaboración y de ayuda mutua entre hombre y mujer para ser mejores, estaremos cultivando la felicidad que tanto añoramos para todos.

Además ¿no nos vendría bien reconocer cuándo, dónde y con quién hemos sido injustas y rectificar? Allí encontraremos el secreto de la felicidad.


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