“Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro” (Plauto)

La noticia de los ataques en Francia por parte del grupo yihadista Estado Islámico a personas inocentes volvió a impactar y conmover el corazón de millones de personas de todo el mundo. Lamentablemente este no es un hecho aislado, si no que es parte de una cadena de acontecimientos violentos que afectan a personas de distintos lugares. No todos los actos son igual de visibles a los ojos de la comunidad internacional, unos por lo sangriento los repercuten más los medios de comunicación, otros igual de sangrientos se ven como algo que forma parte de las conquistas de los derechos humanos, como el aborto, pero por formar parte de la corriente de la cultura de la muerte predominante, no se consideran así, aunque sean ataques cotidianos en contra de inocentes indefensos… como los de París.
 
El mundo llora y aunque este acontecimiento es tan absurdo como una gran cantidad de situaciones que suceden a diario y provocan risa, en este caso no encuentro motivo alguno para reír, ni siquiera para sonreír reflexivamente, sólo hay espacio para ilustrar un mundo… que llora porque el hombre es el lobo del hombre.


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