El Papa ha traído a México todo un lote de sacos de la marca “Netas”. En sus discursos ha soltado verdades a diestra y siniestra,  unas de manera muy diplomática (aptas sólo para entendedores de pocas palabras), otras más directas y unas de plano “duro y a la cabeza”. En la repartición les ha tocado a todos, a los de sotana  y a los de traje.

El problema es que muchos se harán como que les “habla la Virgen”, a otros les entrará por un oído y les saldrá por el otro, otros harán como con las llamadas a misa y tal vez pocos corregirán para actuar congruentemente con el papel que les toque desarrollar en la sociedad.

Ha criticado a los pocos que se apropian de lo que les toca a muchos, a los que hacen negocios debajo de la mesa con los nuevos faraones, a los que no pelean de frente, a los que no acogen y protegen al pueblo, a los que no se ponen en la primera línea para resolver los problemas de la sociedad.

El problema seguirá siendo que habrá o habremos muchos que teniendo oídos no oiremos, muchos que “oyendo las campanadas no iremos a misa” y muchos a los que quedándonos el saco… no nos lo pondremos. ¿A poco no?


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