En varios estados estamos nuevamente inmersos en las campañas políticas. Es tiempo de "ponerse la pila", de "conectar el cerebro", de "que nos gire la ardilla" o de "echarle coco". Porque los ciudadanos estaremos bombardeados por la propaganda política de los y las candidatas. Y entre tanto "bla-bla-bla" habrá que distinguir las propuestas que son verdaderamente viables, o sea, que no sean "choro", como dicen mis nietos.

Quizá lo primero que hay que pensar muy bien es que de la decisión que tome la mayoría, o la minoría mayor, dependerá cómo la pasaremos los próximos seis años. Bien, más o menos bien o muy mal. Y luego habrá que seguir pensando y pensando muy bien, reflexionando cada una de las cosas que nos digan para discernir y tomar nuestra decisión.

Lo malo es que muchas veces decidimos con el corazón, con el ojo, con la panza y entonces no hay garantía de que decidamos correctamente la dirección de nuestro voto.

Por eso, otra vez, en esta elección se pondrá a prueba nuestro buen juicio, para ver si somos capaces de aguantar los regalos campañeros, las promesas huecas, las imágenes de estudio fotográfico. Y en lugar de todo eso mejor le "echamos ojo" para decidir con tino.