En estos últimos días la sociedad mexicana hemos vivido con la sensación de estar co-protagonizando con Will Smith la película "Enemigo Público" o de ser parte del programa Big Brother. Y es que después de que el influyente diario The New York Times diera a conocer que periodistas y activistas de Derechos Humanos estaban siendo víctimas de espionaje telefónico, la expresión "a mí también" empezó a repetirse ahora por parte de actores políticos, quienes además empezaron a mostrar los mensajes con los que aparentemente el programa de espionaje "Pegasus" trataba de infiltrar los teléfonos inteligentes de gente de dichos sectores.

Seguramente Juan Pueblo y los mortales de a pie en los primeros momentos de esta denuncia nos sentimos a salvo, pues de ninguna manera representamos una amenaza para el gobierno mexicano, ¡al contrario! Sin embargo no tardó en aparecer una nota periodística en la cual se afirma que para espiar en México no hace falta un programa tan costoso como "Pegasus", pues basta con solicitar a las compañías telefónicas que se realicen actos de esta naturaleza para que así suceda... y entonces ya no nos sentimos tan seguros de no estar siendo "fisgoneados" ¡por quien sabe quién!

Como era de esperarse las reacciones del gobierno mexicano... se hicieron esperar, es decir empezaron tarde y erráticamente, particularmente la del presidente Peña quien amenazó con hacer caer todo el peso de la ley ¡a los espiados!, solamente por atreverse a sospechar de que el autor de espiar a periodistas, activistas de Derechos Humanos, políticos y hasta el presidente, es su gobierno.

Por su parte, el presidente Enrique Peña nos quiso aplicar aquel dicho mexicano que dice: "mal de muchos, consuelo de tontos", pues al tratar de atajar el alud de señalamientos, acusaciones y críticas a su gobierno por este tema afirmó “Somos una sociedad que las más de las veces nos sentimos espiados”, o sea ¡pa' qué tanto escándalo!


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