En el mundo real, el voto es algo más del corazón, que dé la razón. Es más visceral, que intelectual. Así es la forma en que una gran mayoría de la gente solemos votar.

Basta oír las razones que la gente de nuestra colonia da cuando se le pregunta por quién votará. Aquí aplica aquel dicho que reza, que al hombre se le conquista por el estómago, aunque más bien es a la mujer, la ama de casa, a quien se le conquista por la canasta, por el monedero, pues muchas amas de casa deciden su voto por quien más llena su canasta con la despensa barata, o con el bono mensual que "dadivosamente" le entregan a través de monederos rosas, verdes, morados...

Y si de voto visceral hablamos, basta leer los furiosos "debates" que acontecen en las redes sociales, para darnos cuenta del razonamiento de muchos millenials en torno a la decisión de por quién votarán.

Por eso, el pensador de Rodin es lo más antitético que se puede dar en el contexto del perfil de muchos votantes. Pues reflexionar no es lo más popular de nuestro tiempo.

Sería bueno pensar más allá de nuestras filias y fobias, acerca de cómo vamos a votar. Sería bueno pensar que de lo que la mayoría decida, depende el futuro no de la mayoría, sino de todos. Sería muy bueno decir: pienso... luego voto. ¿A poco no?

@Tom_Pich


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