No debía sorprenderme pero, cuando oigo decir al propio AMLO que ganó el debate, le doy la razón a la gente de su equipo que le califica de terco y necio. Entre los análisis que se han hecho del debate, hay uno que es muy interesante: el de las expresiones corporales, que delatan lo que en realidad está pasando en el ánimo, en el interior de las personas. Es como un SÍ PERO NO, como cuando le pregunta uno a la esposa "¿qué tienes?", porque a la legua se le ve que está diferente... seria, triste, enojada y ella responde: "¡No tengo nada!".

¿Se fijaron cuando se le preguntó a AMLO que si en caso de perder reconocería su derrota? Con la cabeza negaba -luchando porque no se le notara- y, como decía mi abuelita, de "dientes para afuera" dijo que sí. Lo cierto es que el señor López no estuvo cómodo en un escenario no controlado, pero seguro hizo caso a sus asesores de aguantar "y tragar sapos", para no soltar algo que le pegara a su imagen.

Por lo visto, don AMLO, acostumbrado a no dar explicaciones (¡faltaba más!) no va a decir porque asegura que ganó el debate. Aunque esa noche salió del escenario más encabritado que un toro de lidia y se escabulló fuera de la vista de todos, para ir a curarse el "torzón" que seguramente le dio el haberse tragado la bilis, para luego salir a decir ¡que ganó!.

@Tom_Pich


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