Se dice que todo proceso electoral debería ser una fiesta democrática, sin embargo, "gracias" a la intervención de ciertos actores el gozo de dicha fiesta se va al pozo. Actores que tienen la encomienda de hacer la guerra sucia en contra de los adversarios de quien los contrata o de quien goza de sus preferencias, aparecen en todos los procesos de elección de nuevas autoridades, lanzando lodo permanentemente para desprestigiar al de enfrente.

Ahora ya no solo es temporada de chapulines, también es temporada de camaleones políticos. Lo curioso es que todos los que están pasando del PAN a Morena o al PRI, argumentan razones de congruencia con principios, de decepción por el extravío del rumbo en AN, etc, etc, etc... Sin embargo el cobre está a la vista de todos, pues lo evidente es que al no recibir lo que creen merecer -posiciones políticas seguras- simplemente... ¡se van! a donde les dé más pan.

La salida del PAN de Javier Lozano Alarcón trajo a la memoria la vieja melodía de las golondrinas, también recordó la parábola del hijo pródigo y aquel popular dicho que dice "de lengua me como un taco" y además ese otro clásico refrán político que dice: "es un error vivir fuera del presupuesto".

Enero lo empezamos muchos haciendo nuestra lista de propósitos de año nuevo. Quizá no sea el propósito de todos los mexicanos, el lograr que el 1 de julio el PRI se vaya de la presidencia, ojalá sea el de la mayoría, pues no es sólo porque se trate del PRI, sino porque está a la vista que en los cinco años del actual gobierno a una gran cantidad de mexicanos la situación se nos ha puesto de color de hormiga, particularmente en el tema económico.

Ahora sí, el presidente Peña hizo un despistadero monumental. Despistó -es decir sacó de la pista- a dos de los priistas más anotados en los medios de comunicación, como los posibles candidatos del PRI a la presidencia de la República: Osorio Chong y Aurelio Nuño; despistó a más de un articulista, cuando declaró en una entrevista banquetera: “Andan bien despistados todos, el PRI no elige a sus candidatos por aplausos” (le faltó decir que no lo elige el PRI, sino el presidente priista y es por dedazo, no por aplausos); y seguro despistó a más de un priista, igual que a los analistas, cuando pensaron que con esa declaración el despistado sería José Antonio Meade.