Ciudad de Panamá, 25 de enero 2019.

Latinoamérica pide la intercesión de María:

Miles de jóvenes acompañaron al Santo Padre en el rezo del via crucis en uno de los eventos más importantes durante la Jornada Mundial de la Juventud. El evento tuvo lugar en la Cinta Costera, en el campo Santa María la Antigua.

Las reflexiones y oraciones de cada estación estuvieron a cargo de jóvenes de diferentes países de Latinoamérica. En las reflexiones se invitó a todos los presentes a entender la vía de la cruz, como la vía del cristiano y a comprender que Cristo nos acompaña en nuestros dolores y sufrimientos cotidianos.

Cada estación tuvo una intención distinta. Se oró, entre otras cosas por los pobres, los migrantes y refugiados, la corrupción y el aborto. Un elemento a destacar es que cada país pidió la intercesión de María Santísima, bajo la advocación a la que más devoción se le tiene en cada país. De este modo, los jóvenes de Puerto Rico pidieron intercesión a Nuestra Señora de la Divina Providencia; los de Cuba, a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre; los de República Dominicana a Nuestra Señora de Altagracia; y los de México, a Nuestra Señora de Guadalupe.

Los jóvenes mexicanos reflexionaron sobre el terrorismo y sobre cómo “Jesús, muerto en la cruz se hace voz de tantas víctimas para decirnos con qué amor debemos defender, respetar y cuidar la vida. Pidieron por intercesión de María de Guadalupe que Dios les ayude a ser sembradores de esperanza.

El camino de Jesús hacia el calvario continúa hasta nuestros días
Después del rezo del via crucis, el Santo Padre se dirigió a los jóvenes con un fuerte mensaje en el que abordó la realidad tan compleja en que vivimos, de una sociedad “que consume y se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos”. Este mensaje apela a todos pero es sensible, de manera particular la realidad latinoamericana en la que hay tanto dolor y sufrimiento, en los cuales “se prolonga el via crucis de Jesús”.

En un mundo como en el que vivimos, el Santo Padre advirtió del peligro de dejarnos llevar por la corriente conformista y del peligro más grave aún de dejar de reconocer a Cristo en nuestros hermanos que sufren: “hemos desviado la mirada, para no ver; nos hemos refugiado en el ruido para no oír; nos hemos tapado la boca, para no gritar”.

El Papa Francisco aseguró “Señor, en la cruz te identificaste con todo sufrimiento” con lo que Cristo se une al sufrimiento de todos en cada circunstancia “para transformarla en camino de resurrección”.

“Padre, hoy el via crucis de tu hijo se prolonga”. Cristo se une al dolor de todos aquellos que sufren y en este sufrimiento, se prolonga su via crucis. Se prolonga en el dolor de las mujeres explotadas y maltratadas, de los jóvenes sin oportunidades, de quienes caen en droga, prostitución y muerte, “Se prolonga en una sociedad que perdió la capacidad de llorar y conmoverse ante el dolor. Sí, Padre, Jesús sigue caminando, cargando y padeciendo en todos estos rostros mientras el mundo, indiferente, consume el drama de su propia frivolidad”.

María: de ella aprendemos a decir “sí”
Ante este escenario de dolor, el Santo Padre recalcó el papel de María en el camino de la cruz, María acompañó a su hijo en el camino al calvario: “de ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz, con su misma decisión y valentía”.

Debemos aprender de María para acompañar a Jesús en su dolor. “En María aprendemos la fortaleza para decir “sí” a quienes no se han callado y no se callan ante una cultura del maltrato y del abuso”.

De María también “aprendemos a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono, que han tenido que dejar o perder su tierra, sus raíces, sus familias y trabajos”.

El Santo Padre invitó a tomar a María como modelo y abordó el tema de la migración, un problema que ha azotado a América Latina desde hace décadas pero que ha tomado más visibilidad en fechas recientes: “Como María queremos ser la Iglesia que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador de mal social”.

“De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz, no con un corazón blindado y cerrado, sino con un corazón que sepa acompañar, que conozca de ternura y devoción”.

Finalmente pidió a Dios que nos enseñe, como María, a “estar”: Enséñanos Señor a estar al pie de la cruz, al pie de las cruces; despierta esta noche nuestros ojos, nuestro corazón; rescátanos de la parálisis y de la confusión, del miedo y la desesperación. Enséñanos a decir: Aquí estoy junto a tu Hijo, junto a María”.