• Monseñor Roberto Domínguez, Obispo de Ecatepec y responsable de la Dimensión Episcopal de Clero, coordinó el evento.
  • En la nueva era digital, es urgente conocer el poder del medio, para no caer en el riesgo de una evangelización débil e ineficaz, advirtió Fisichella.
  • SIGNIS México participó de la ponencia “Sacerdotes mexicanos en medio de la actual pandemia… Frente al reto de la nueva evangelización”.

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2020.- Al brindar la ponencia “Sacerdotes mexicanos en medio de la actual pandemia… Frente al reto de la nueva evangelización”, el presidente del Consejo Pontificio para promocionar la Nueva Evangelización, S. E. Rino Fisichella, conminó a los sacerdotes mexicanos, en la nueva etapa global provocada por la pandemia del Covid-19, a hablar de la fe y predicar con un lenguaje de esperanza, así como ofrecer la certeza de la presencia de la cercanía de Dios en nuestra vida. En un momento de confusión, destacó, la esperanza cristiana no es obvia, sin fin, debe tener la certeza de ser Cristo entre nosotros, de una vida en comunión con él. “La esperanza debe ser el lenguaje más eficaz de la evangelización”, concluyó.

A través de un evento coordinado por Monseñor Roberto Domínguez Couttolenc, Obispo de Ecatepec y responsable de la Dimensión Episcopal del Clero, secundado por Marcelino Monroy Tolentino, Secretario Ejecutivo, Fisichella contrastó la transmisión del Evangelio en el pasado reciente, cuando era más fácil pues la comunicación de valores estaba firmemente arraigada, en los distintos contextos de formación, lo cual permitía la transmisión de contenidos como una voz al unísono. Ahora, el contexto de fragmentación actual, unido a la diversificación de los lenguajes, requiere una mayor diversificación y esfuerzo. En la nueva cultura, donde se observan rostros escépticos, sacerdotes, teólogos deben esforzarse mucho más para enfrentar los retos de los próximos años.

En una transmisión a la que se sumó SIGNIS México, el presidente del Consejo Pontificio para promocionar la Nueva Evangelización aceptó que, en la nueva diversidad generacional, hay incapacidad para sintonizar con las nuevas generaciones de jóvenes, por lo que, en la nueva cultura digital, deben encontrarse los caminos para la transmisión de la fe de forma dinámica y eficaz. Ante el avance tecnológico, dijo, donde la máquina asume más poder, el hombre se encuentra dominado por una prótesis irremplazable, el teléfono móvil. Pero aún así, la pregunta sobre el sentido de la vida permanece inalterada. Las cuestiones sobre qué soy en este mundo, a dónde voy, existe la posibilidad de amar, existe una vida después de la muerte, son constantes.  El hombre de nuestro siglo siente la necesidad del misterio y de lo inefable, lo desea, no lo encuentra, y reconoce tener un vínculo con él. La supremacía de la tecnocracia puede redimensionarse, el misterio plantea interrogantes a los que la ciencia no puede responder. Ante el poder de la creación, la técnica muestra su impotencia.

Somos, dijo, testigos de una verdadera transformación antropológica. Los nativos digitales, ahora la consideran un hecho natural. El consumo de productos digitales no sólo es cuantitativo, sino cualitativo, pues produce comportamientos consecuentes. Somos inmigrantes digitales, instrumentos de una nueva cultura, no sólo usuarios. La cultura digital se presenta como creencias, difusión de máquina autónoma, lo cual nos impulsa a percibir el universo como un flujo de datos. Algoritmos de una inteligencia artificial, revelan que uno se relaciona con la máquina.

Por eso, SE Rino Fisichella destacó, como primer punto, para la Iglesia se abre una nueva fase con la digitalización. La cuestión no es cómo utilizar las nuevas tecnologías para evangelizar, sino como convertirnos en una presencia evangelizadora en lo digital. ¿Cómo podemos apoyar la búsqueda de la verdad sobre el sentido de la vida? Es urgente conocer el poder del medio, para no caer en el riesgo de una evangelización débil e ineficaz.

Como segundo punto, observó que, en este tiempo, el Covid-19 mostró la debilidad del hombre de hoy. Precisamente cuando el hombre se sentía lleno de omnipotencia, con más fe en la ciencia que en Dios, un inesperado y desconocido virus le mostró no tener certezas y lo empujó a seguir adelante con ensayos. Hoy en día, dijo, las decisiones tomadas por comités médicos, las cuales afectan nuestra vida, giran en torno a un algoritmo, el cual determina cerrar cuerpos, iglesias, plazas. Así, el hombre experimenta que es débil, que su vida está en peligro, tiene miedo. Esto debe aprovecharse para ayudar a la gente a percibir la belleza del misterio de la vida.

El Covid-19, señaló SE Rino Fisichella permitió experimentar la solidaridad. En estos meses hemos experimentado que tenemos necesidad los unos de los otros. En el campo de la ciencia, se ve que sólo unidos e intercambiando las investigaciones, se puede tener un resultado, una vacuna eficaz, para hacer llegar a todos la ayuda necesaria. No hay que olvidar, recordó, que la solidaridad humana, junto con la justicia, son la base de la caridad. El Covid-19 también destacó la importancia de la comunidad, la exigencia de las relaciones que tan a menudo nos parecen obvias. Las comunidades y las relaciones personales son parte de nuestra fe.

Y como cuarto punto, SE Fisichella subrayó que el Covid-19 recuperó el sentido de la oración. Se cuenta ahora con una infinidad de oración alimentando la fe y la comunidad, a pesar de la pandemia, recupera la pastoral en el sentido de la oración sencilla. La oración, recordó, no es sólo apoyo para los momentos de debilidad, sino el sostén de la vida diaria. La pandemia da a los sacerdotes la oportunidad de ser creativos, para encontrar formas que sean expresiones inteligentes de la fe, y no extravagancias que no la comunican, porque están privadas de significado.

Debemos estar, conminó, ante una pastoral que sale a la luz del encuentro. La Iglesia en salida es una Iglesia que encuentra. El encuentro es la capacidad de mirarse, escucharse, acoger, cuantas dimensiones se puedan desarrollar en esta pastoral que pone en primer lugar a la persona y la relación interpersonal. En estos tiempos de internet, los sacerdotes no podemos vivir en la cultura de la selfie, en nosotros mismos, en el individualismo, “debemos vivir en la cultura del encuentro con el otro”. La dimensión pastoral, la vida litúrgica es fundamental sólo si vive en el equilibrio de la fe.

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