La Blanca Mérida recibe a representantes de más de 50 arquidiócesis nacionales, con la presencia de Franco Coppola, Nuncio Apostólico de México y de Piero Marini, titular del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales.

MÉRIDA, YUC. (Especial).- Con el objetivo de motivar la reflexión sobre la necesidad de profundizar y renovar constantemente la fe en la Eucaristía y transformarla en acciones a favor de la vida pastoral y construir una sociedad más fraterna y solidaria, se llevo a cabo el VII Congreso Eucarístico Nacional, a encargo de la Arquidiócesis de Yucatán en las instalaciones del Complejo Deportivo Kukulkán.

El arranque de las actividades eclesiásticas corrió a cargo del Excmo. Sr. Piero Marini, presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales, quien en su mensaje de bienvenida compartió su experiencia sobre “El arte de celebrar la Eucaristía”, en el que explicó a los asistentes que el sacerdote se ha consagrado “solamente para servir a una comunidad a la que debe invitar a participar íntimamente en la resurrección de Cristo, a través de la celebración Eucarística; en ello recae la riqueza de la liturgia”, recordó.

Marini aseveró que la tarea de los pastores es favorecer la contemplación y adoración de la asamblea a través del respeto a la música, gestos, colores e incluso silencios de cada celebración, para fortalecer la vida cristiana.

Durante la jornada de apertura, se celebró una Misa Solemne en el estadio Carlos Iturralde, presidida por el Excmo. Sr. Franco Coppola, Nuncio Apostólico de México, quien en su homilía señaló “Es de vital importancia para los cristianos nunca olvidar de dónde nos sacó el Señor, cuántas veces nos ha perdonado y, sobre todo, ser consientes de que todos los creyentes de Cristo forman un solo cuerpo, por tanto debe acompañarse al enfermo, al excluido porque su estado físico, emocional e incluso económico afecta la realidad de la familia entera”.

De igual manera, Monseñor Coppola insistió en que la Eucaristía es un alimento que el Señor dejó a su pueblo no sólo para alimentarlo espiritualmente, sino para sanar su corazón con misericordia, tal como lo hizo cuando llamó a su compañía a San Mateo, a propósito que la reunión pastoral se dio en el marco de la fiesta de San Mateo Apóstol.

En la celebración eucarística se dieron cita más de 9 mil 500 asistentes, entre ellos17 obispos, 150 sacerdotes, 250 religiosas, 100 seminaristas y 160 monaguillos; la gran mayoría, acompañaron tras la misa al Santísimo Sacramento a una procesión por calles de la “Blanca Ciudad” hasta la Catedral, en la que también se presentaron eventos culturales.

Dentro del programa del VII Congreso Eucarístico Nacional, hubo una serie de talleres y conferencias que abordaron temas como las Sagradas Escrituras y la presencia real de Jesucristo; el panel “Vida de Gracia y divorciados vueltos a casar”, y la ponencia “La Eucaristía y su Proyección social” a cargo del Pbro. Rogelio Narváez Martínez, quien mencionó que amor, vigilancia, doctrina e integridad, son elementos básicos para la vivencia de la Eucaristía en lo cotidiano. También se celebró una ceremonia religiosa presidida por el arzobispo Emérito Emilio Carlos Berlié Belaunzarán.

Cabe destacar la participación del Arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, quien reflexionó sobre la actividad de la Iglesia en los momentos que vive el país y señaló que tanto lo que resta de este 2019 como todo el 2020, “será un tiempo de evaluación interior para la Iglesia Católica” y exhortó a los católicos a seguir asistiendo a misa para que los fieles ‘’siembren semillas de justicia y de esperanza, entre los necesitados’’.

“Ahora en este año 2019 – 2020 será de evaluación pero también de festejos, queremos que la Eucaristía sea para todos puesto que el pan que Dios nos regala es también un bien para toda la humanidad”, indicó el prelado y aprovechó para solicitar a la comunidad católica que durante el mes de septiembre fortalezcan los sentimientos de humildad, de justicia y los deseos de hacer de México un país mejor.

En la segunda jornada del congreso, monseñor Franco Coppola encabezó la celebración eucarística en el estadio Carlos Iturralde, en la cual durante su homilía advirtió que “Seguir a Jesús significa tomar conciencia de que incluso los que están fuera de la Iglesia son parte de mi familia, son hijos de Dios. Significa comprometerme a dar mi vida”.

Ante la presencia de 13 mil católicos de 50 diócesis del país, el representante en México de Su Santidad el Papa, encabezó la misa acompañado de 20 obispos y 260 sacerdotes y al término de la celebración, de nueva cuenta se celebró una procesión con las imágenes de la Virgen de Izamal y el Cristo Negro de Sisal, que estuvieron en el altar. Con el destino final de la Catedral, en los 4 kilómetros de recorrido cerca de 5 mil personas acompañaron la procesión con oraciones y alegres cantos, mientras se advertían adornos con globos, imágenes religiosas y signos eucarísticos, en las casas ubicadas por el paso.

La jornada de cierre del VII Congreso Eucarístico Nacional ofreció el compromiso social de la Arquidiócesis de Yucatán de tomar mayores medidas para cuidar el agua. El Pbro. Augusto Romero Sabido, titular de Pastoral Social de la Arquidiócesis anfitriona del evento, destacó que el compromiso Social con el que cada Congreso Eucarístico termina “nos hace entender que la Celebración de este Sacramento debe proyectarse a la vida a través del servicio a los hermanos y este servicio debe ser cada vez más integral y liberador”.

El sacerdote explicó que se generó un decálogo del agua, donde se afirma que “hay que cuidar el vital líquido como un don sagrado de Dios, respetando sus ciclos naturales, así como cuidar los cenotes y todo lo que vive de ellos, cuidar las plantas y reforestar, así como usar productos de limpieza que no contaminen”.

Romero Sabido destacó la importancia de privilegiar los productos naturales en las prácticas agropecuarias, evitar que la basura contamine el agua y consumir sólo el agua que se necesita, entre otras recomendaciones. Y para ilustrar estos conceptos, recordó una leyenda maya apoyado por un performance, que advierte de los riesgos de no cuidar el agua y subrayó que una de nuestras principales responsabilidades en el cuidado integral de la creación sea la obligación de entregarle un mundo habitable a las futuras generaciones, principalmente a los niños.

Tras una serie de conferencias, debates, paneles y actividades litúrgicas, llegó a su fin el VII Congreso Eucarístico Nacional, donde los asistentes coincidieron que el máximo compromiso de respeto a la vida, es expresarlo a través del amor a Dios. Por último, se anunció a la Diócesis de Cuautitlán, Estado de México, como la próxima sede del siguiente Congreso Eucarístico Nacional en 2023.