Continuando la reflexión propuesta por el Papa Francisco sobre la diferencia de una comunidad humana frente a una comunidad en las redes sociales, vale la pena precisar algunos conceptos. Porque, si nos atenemos a una lectura superficial, parecería que el Papa diría que las comunidades en las redes sociales son inhumanas.

Dando algunos pasos atrás, podríamos decir que hay comunidades desde que hay humanidad. Un ser débil, físicamente, como lo es el ser humano, no podría sobrevivir en la soledad como algunos animales pueden hacerlo. Pero pasar del concepto de manada a un concepto de comunidad, requiere de más que una mera agrupación de individuos. Por milenios los seres humanos se organizaron en tribus, muchas veces basadas en un antepasado común, con un modelo de familia extendida.

Al evolucionar la humanidad y pasar a organizaciones agrícolas, ganaderas, pueblos, ciudades y países se crean redes sociales. Algunas basadas en la familia, en el barrio o en el gremio, en creencias y valores. Mismas que no requerían de avances tecnológicos. Por siglos, las redes sociales de científicos y sabios, por ejemplo, se comunicaban por correos que podrían tardar meses en llegar y en regresar con una respuesta. Y lograron grandes avances.

Ciertamente, las redes sociales actuales son muy diferentes por la inmediatez de la comunicación. Pero hay algo más. Las redes sociales tradicionales, por su alcance más limitado, no podían ser muy grandes. Las tribus, dicen los antropólogos, tendrían 150 a 200 miembros. Y las redes sociales en los siglos pasados no eran mayores. Este mismo tamaño propicia un mayor conocimiento personal entre los participantes y, consecuentemente, favorecía dos aspectos que el Papa enfatiza: el encuentro y la solidaridad. Lo cual genera un valor importante: la tolerancia. La solidaridad va por encima de la individualidad y, al haber un encuentro profundo entre los participantes de la red, se hace muy claro que todos son diferentes y que, a pesar de sus diferencias, se puede cooperar, contribuir al bien común, aceptar las diferencias y apreciarse mutuamente.

Esto es mucho más difícil en las redes sociales basadas en la Internet. Cada individuo puede estar siguiendo a varios centenares de personas, pero por las múltiples interacciones que pueden darse entre los participantes, las combinaciones pueden ser tan complejas que lleguen a miles o millones de personas. Pero lo que ganamos en extensión, perdemos en profundidad. Conocemos las frases, pero desconocemos a quienes las emiten.

Esto lleva a la formación de lo que Edward D’Bono llama “las burbujas de lógica”. Solo aceptamos los que tienen nuestras mismas ideas. Y con facilidad, dada la despersonalización que se da en las redes y el escaso conocimiento que tenemos los unos de los otros, se facilita que despreciemos y hasta odiemos a quién no piensa como nosotros.

El despersonalizar a aquellos con los que nos comunicamos facilita que los veamos como ajenos y hasta como enemigos. Lo cual también nos puede llevar a comunicarnos solo con los que comparten nuestra “burbuja de lógica”, nuestro muy particular modo de ver la realidad y negarnos a ver otros puntos de vista. En cualquier caso, también nos estamos empobreciendo al negarnos a aprender de otros. Y desde otro ángulo, al perder solidaridad y tolerancia, también estamos perdiendo capacidad como seres humanos.

¿Será posible humanizar las redes? Por supuesto. ¿A qué plazo? ¿Con que cantidad de daño? La humanidad siempre ha aprendido de sus retos, los ha superado y ha salido muy fortalecida de ellos. No será la excepción. Por supuesto, hay que acelerar el proceso de humanizar a estas redes virtuales. Y si alguien puede contribuir a ello son los que, por vocación, son especialistas en comunicación. Tal vez por ello, el Papa Francisco propone este tema a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

El diagnóstico está muy claro. Sí, se puede profundizar y precisar el mismo. Pero, más allá del diagnóstico, ya hay que pasar a las propuestas. No creo que será fácil. Pero tampoco imposible. No podemos aceptar que la comunicación siga deteriorándose. Las redes virtuales no tienen marcha atrás. Aún más, se puede decir que aún falta un tiempo para que lleguen a su plenitud. Y es de esperase que den una gran cantidad de beneficios a la humanidad. Urge iniciar esta obra.

@mazapereda


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