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Una frase que duele. Que molesta. Que genera enojo. Inevitablemente. Nos la dicen con frecuencia, con razón o sin razón. Por otro lado, lo más importante es el modo como reaccionamos ante frases como esta. Y la escasez de gasolina que hemos padecido en estos días nos da múltiples ejemplos de cómo reaccionamos ante esos señalamientos. Porque, generalmente, reaccionamos mal. De tal modo que algo que podría servir para que mejoremos, solo causa división y enojo.

Cuando el exgobernador Jimmy Carter inició su presidencia, llevó al primer nivel de su administración, mucho del mismo gabinete que le había apoyado en el Estado de Georgia, y enfrentó un problema que no previó, y que incluso influyó en que no pudiera desempeñarse en un segundo período presidencial. ¿De qué se trata?

Como ya he comentado en estos medios, la confianza es fundamental para la sociedad. Para que una nación funcione, la confianza es todo o casi. Para el éxito de un gobierno, la sociedad debe confiar en sus gobernantes. La economía se estanca cuando los actores económicos no confían los unos en los otros, en sus gobernantes o en las leyes y el modo como se hacen cumplir. La solidaridad social se agota cuando no hay confianza de unos con los otros.

La política mostrada por la administración de López Obrador, respecto a la libertad de crítica, es más que preocupante. No sólo no la aceptan, sino que los críticos son objeto de ataque tanto de los bots y fanáticos en redes sociales, de sus corifeos en medios, como directamente por los funcionarios objeto de señalamientos desfavorables, comenzando por el propio presidente y sus insultos.

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