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Contra todas las previsiones, los populismos tienen una larga existencia. En muchos casos, sus opositores no encuentran la argumentación convincente para que la ciudadanía perciba las falacias populistas. De poco sirve señalar sus fallas e incongruencias: lo que se necesita son enfoques novedosos a los temas que le importan a la sociedad.

Quitémonos las vendas y las fobias: los hechos de violencia sin sentido que brotan aquí y allá en las sociedades postmodernas piensan poco en derechas o izquierdas, carecen de propósito tanto como de principios aglutinantes, no tienen ideología ni esperan tenerla, no están a favor de la patria, la vida o la realidad ni en contra de ellas; son, existen como consecuencia de una imbricada y complejísima dinámica social, a veces tan incomprensible que valen las palabras del magno Alejandro ante el nudo gordiano: “Da lo mismo cortar, que desatar”.

Recientemente, en una reunión con adultos jóvenes, salió a la conversación un tema interesante. De acuerdo con una de las mamás participantes, en Colombia se logró la pacificación de los narcotraficantes, debido a que la población empezó a retirarles el saludo, a dejar de invitarlos a sus reuniones, en pocas palabras: hacerlos a un lado. Como quien dice, el equivalente colombiano del “fuchi, guácala”.

“Que no haya ilusos, para que no haya desilusionados”, es la frase completa de Manuel Gómez Morín. Sabia advertencia, pero poco asimilada por la gente. Claro que hay que esperar y buscar las posibles soluciones y personajes que puedan mejorar las condiciones del bien común del país, pero esas esperanzas deben ser sensatas, con ilusiones teniendo los pies en la tierra y no con soluciones mágicas de prestidigitadores de la palabra.

En la Ciudad de México, el 0.4 por ciento de los taxistas paralizaron una parte importante de la Ciudad solicitando que se eliminen las “aplicaciones de origen extranjero”. Después de un día de bloqueos, obtuvieron una reunión con el Subsecretario de Gobernación, y pidieron una disculpa la ciudadanía, así como el ofrecimiento de no volver a paralizar la Ciudad por esta situación. Fíjese: ¡que bondadosos!