El tema de hace poco más de una semana ha sido el conflicto entre MORENA y el Consejo de la Judicatura Federal. El asunto: la resistencia de los jueces a acatar la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos que ha generado, de acuerdo con los medios, una gran cantidad de peticiones de amparo contra la misma. Particularmente, de parte de los jueces que alegan que la misma es anticonstitucional y que va contra la división de poderes.

En la discusión del tema, López Obrador dijo que los ministros ganan 600 mil pesos mensuales, casi seis veces más que el propio presidente. Dato que fue refutado casi de inmediato por los jueces, pero sin difundir ampliamente cuáles son sus percepciones. De inmediato, congresistas de MORENA respondieron, algunos pidiendo incluso la remoción de los jueces y nombramiento de otros. Y, como era de esperarse, atacando a los jueces por su falta de solidaridad con los pobres y su resistencia a ser austeros.

No han sido los jueces los únicos que han protestado, pero sí los que más fuertemente han sido atacados por MORENA. Y esto se presta a muchas interpretaciones. La oposición, si se vale llamar así a los partidos que perdieron las elecciones federales, ha tomado la bandera de la división de poderes. López Obrador, dicen, quiere dominar al mayor contrapeso legal que se puede oponer a sus medidas. Andrés Manuel, aseguran, está haciendo lo mismo que hicieron Chavez y Maduro en Venezuela y, si hacemos memoria, es el tema que dio pretexto a los militares chilenos para el golpe de estado contra Salvador Allende en Chile, a raíz de que Allende se negó a acatar los fallos de la suprema corte chilena.

Por otro lado, la justificación de esos altos salarios, en su momento, fue la de blindar a los jueces contra la corrupción. La justificación fue que, estando bien pagados, no tendrían la tentación de dejarse corromper. Lo cual es como empezar, de origen, aceptando que van a ser corruptos y el único modo de que no fallen es dándoles más dinero para que no les puedan “llegar al precio”.

Es claro que MORENA ha tenido la astucia de escoger con quién se enfrenta. Los jueces no son precisamente los más estimados por la población. En las encuestas de confianza a las instituciones, por ejemplo, en la encuesta anual que hace INEGI los jueces ocupan el sexto lugar como los que menos confianza inspiran. Si no inspiran confianza y se sospecha que fácilmente se corrompen, nadie los va a defender. Se vale atacarlos y no habrá consecuencias.

¿En qué parará este tema? Hay un tema de orgullo, si me lo permiten. No hay que dejar mal al presidente en sus ofrecimientos de campaña. Y el poder judicial no puede quedar como que el presidente se les impuso. Podría terminar pareciendo como una batalla de egos. O, si nos ponemos muy teóricos, suena como que está en riesgo un concepto básico: la división de poderes y su papel como contrapeso entre ellos. Y a ninguno de los poderes le conviene parecer como subyugado por el otro.

De modo que la austeridad republicana no parece fácil de implementar. Habrá estas y otras muchas resistencias. Y es que, como dice Maquiavelo al Príncipe (cito de memoria) “a tu enemigo atácalo como quieras, mátale un hermano, pero nunca le quites el dinero porque eso no te lo perdonará”.

@mazapereda


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