Los años no son buenos o malos. Son lo que son. Los que son buenos a corto plazo, no lo son a largo plazo. Los que a corto plazo parecían malos, a veces resultaron una bendición disfrazada. Un año es poco en la vida de una nación.

2018 fue bueno para muchos y malo para otros. Nos deja una triste herencia: división, encono, polarización. Algo que no se inició en este año, pero que hace crisis en el mismo. Espero, porque todavía puede ser peor.  Y nadie debe asignar la culpabilidad a individuos o grupos. Todos tenemos una parte de culpa: algunos como causantes de la división y otros por omisión, al no sembrar la unión.

¿Tendremos la fortaleza para volver a encontrar la concordia? ¿Recuperaremos la cortesía, la civilidad tan característica de los mexicanos? No parece posible a corto plazo. Los insultos han reemplazado a los razonamientos. Las falacias, a la lógica y a la razón. Creemos que cualquier tipo de rechazo es crítica. No tenemos el sentido original de la crítica como un examen de los pros y las contras para encontrar la verdad. Un ejercicio de lógica, no un fruto de los sentimientos.

¿Debemos dejar que el tiempo cure nuestras divisiones? No lo creo. Las divisiones entre nosotros son profundas y debemos hacer mucho por sanar. Algo que no será fácil. El insultado, el lastimado, no está en la disposición para perdonar. Y quién tiene la fortaleza para perdonar, no quiere olvidar. Porque no es algo fácil. A nadie le podemos exigir el olvido de las ofensas. Mucho menos el que olviden los daños físicos  que han sufrido en sus personas o en sus familias. O los daños económicos y laborales de las centenas de miles que han perdido su sustento. Perdonar sin guardar rencor es un acto verdaderamente heroico.

Por otro lado, ¿quién dará el primer paso? ¿El que ofendió o el ofendido?  Porque, además, hay muchos que han sido a las vez ofensores y ofendidos. Una situación muy compleja. Muchos están, como dice el dicho ranchero, “subidos en su macha”. Y tienen razones para no cambiar. Tal vez no por los mejores motivos, pero con razones al fin.

Somos una minoría los que no tenemos motivos para sentirnos ofendidos. Tal vez por eso, somos un tanto ilusos. Yo tengo la ilusión de que encontraremos motivos para la esperanza. La confianza en el sentido común de nuestra sociedad. En los valores que nos han guiado ´por siglos. En la bondad innata de la mayoría. Esperanza en que descubramos como sociedad, el daño que nos estamos haciendo y el que les estamos heredando a nuestros hijos.

Le deseo un 2019 donde volvamos a encontrar la paz, la concordia y el perdón. Me pido a mí mismo y a usted, sufrido lector, que nos volvamos sembradores de esperanza  en nuestra sociedad. Reciba un fuerte abrazo.

@mazapereda


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