La nota del pasado martes es que la calificadora de deuda Fitch bajó la calificación de la deuda de PEMEX. ¿Qué significa eso para la sociedad? ¿A quién le importa o debería importar ese dato? Dado el bajo nivel de conocimiento económico o incluso numérico de la población y la mayoría de los medios, el dato no queda claro para la mayoría y se presta a un manejo político.

No soy experto en el tema, de manera que las observaciones que siguen, tómelas como de quién vienen. Es mi opinión, y está abierta a debatirla. Ojalá contribuya a poner alguna claridad en el tema.

Para empezar, las calificadoras de crédito (que son varias) no tienen más autoridad que la que les da su clientela. Se les considera atinadas y por eso las siguen y las toman en cuenta a la hora de tomar decisiones de prestar a quienes necesitan dinero. Esos prestadores de crédito quieren tener idea de que tan alta es la probabilidad de cobrar su deuda en el plazo convenido, o si tendrán que renegociar con deudores que no les pueden pagar o, en el extremo, si no podrán cobrar.

Si la calificadora considera al acreedor como de muy alta calidad significa que el riesgo de cobrar es muy bajo. Si lo consideran de baja calidad, quiere decir que no será fácil cobrarles y el prestamista tardará en tener su dinero, lo cual le costará. Si tardara en cobrar, tendrá que subir los intereses de su préstamo, para poder compensar el tiempo en que tardará en disponer de su dinero.

En el caso de PEMEX, esto significa que algunos financiamientos les saldrán más caros. Si todas las demás calificadoras opinan igual, entonces todas las nuevas deudas y el refinanciamiento de sus deudas actuales serán más caras. Y de ser así, será difícil que se cumpla el presupuesto de PEMEX y el del Gobierno Federal.

Ante esta situación, el gobierno corporativo de PEMEX y el Gobierno Federal tienen pocas opciones. De nada sirve decir que la calificadora Fitch es neoliberal. Todas las calificadoras de crédito lo son, Y, más importante, los grandes fondos de inversión también son neoliberales. Podrá no gustarles, pero no es fácil encontrar financieros de otro tipo.

O sea que no queda otro medio que tratar de convencer a estas calificadoras de que su situación no es tan mala como Fitch afirma. Está empresa dice que PEMEX están sobrevalorando sus flujos de efectivo y que le costará trabajo refinanciar su deuda. Para convencer a otros, no sirven las declaraciones. Hay que mostrar hechos.

Las calificadoras dan sus evaluaciones basadas en números, pero también se basan en la confianza que el acreedor les merece. Y, como le he dicho varias veces, a nadie se le puede ordenar que tenga confianza. La misma es difícil de ganar y fácil de perder.

Si PEMEX no logra revertir esa calificación, las deudas que deberá adquirir le costarán más. De ahí habrá pocas opciones. Si se atrasan las inversiones, los planes de producir más gasolina tardarán más de entrar en operación. Los gastos financieros de sus productos subirán también. Podrá pagar menos impuestos al Gobierno Federal.

Al Gobierno Federal le quedan también pocas opciones. Retrasar los planes de Pemex, incumplir el gasto social ofrecido en su campaña. O, ojalá no me oigan, usar el dinero de las Afores, el ahorro de todos los mexicanos, para financiar a PEMEX a costo bajo.

No es poca cosa. Al final, todo se reduce a que tanto PEMEX como el Gobierno Federal se tienen que ganar la confianza de sus odiados neoliberales. Cosa que no será fácil si se sigue insultándoles. Pero hay otra calificación que obtener. Los calificadores también miden el llamado “riesgo país”. Si nos ven como un país de alto riesgo, toda la economía mexicana se volverá menos competitiva. Y eso no nos conviene a nadie.

@mazapereda


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