Todo reino dividido va a la ruina, nos enseña el Evangelio, y la historia y la vida social así nos lo atestiguan (Lucas 11:17). Y la división es en general consecuencia de la promoción del odio entre la gente, por medio del lenguaje, y México está inmerso en un gran intento de división socio-política, por parte del partido en el poder y de su líder, ahora presidente de la república.

Siguiendo prácticas políticas de control social, este gobierno intenta dividir al país entre los “buenos” que son ellos, y los “malos”, que son todos quienes no apoyan ciegamente a ese líder que se cree mesiánico. Así, un motivo de preocupación es la creciente polarización social en México, el poner a unos contra otros, en una creación de odios entre sectores de la sociedad.

Por supuesto que siempre han existido personas dedicadas a poner a unos contra otros, por maldad, con el propósito de obtener algún beneficio. Pero recientemente esto se ha recrudecido peligrosamente en México.

Quienes no eran seguidores de ese señor, eran (y siguen siendo) los pirruris, que no sólo no son parte del “pueblo”, sino que son sus enemigos. Aunque ahora se les llama “fifís”, y todo aquello, organizado, que no le sigue, es “la mafia del poder”, culpable de todo lo malo que ha pasado, que pasa y que pasará en México.

Desde el más alto poder de la república, se ataca a todo aquel que se manifieste ya no digamos en contra, sino en simple desacuerdo. Señalar fallas y errores, significa ser estigmatizado con insultos. Todo esto está provocando una peligrosa polarización social.

Enfrentar esta estrategia de división con la misma moneda, entre “el pueblo bueno y sabio”, y la mafia del poder, los fifís, puede llevar a una imprudente represalia en términos semejantes, y aunque es comprensible, es inaceptable. La guerra verbal de denostaciones e insultos sólo agrava las cosas. Referirse a los seguidores del llamado Mesías Tropical, como chairos, por ejemplo.

Millones de ciudadanos votaron por él y su partido, pero no necesariamente son sus fanáticos, lo hicieron por descontento con quienes han gobernado a México en los últimos años. Claro que ese descontento fue también, en gran parte, producto de una campaña sembrando antagonismo, al descalificar y mentir sobre las administraciones de los últimos sexenios.

Lamentablemente el presidente y sus fieles seguidores están haciendo una campaña de verdadero odio, que ya no es solamente una política de campaña, sino de gobierno, para descalificar a quienes no les siguen. Y eso es lo más grave: desde el Estado se descalifica a millones de mexicanos, ya no como forma de conseguir votos, sino de aplastar la disidencia, la crítica (por más cierta y correcta que sea).

Lo que procede, con prudencia, es no calentar más los ánimos de enfrentamiento entre sectores sociales, con esa guerra de mutuas denostaciones e insultos. Se debe, en nuestro propio medio social, especialmente familiar, rechazar el enfrentamiento social, venido principalmente de una política de odio inducido.

Debemos tener cuidado en cómo se utiliza el lenguaje, al referirse a otras personas que opinan (y vociferan) diferente. Hacer notar a otros, la familia y en especial los hijos, que no podemos aceptar que se polaricen los ánimos entre los mexicanos con lenguaje lleno de odio.

Y no debemos dejar de pedir a otros, y cuando se pueda, al nuevo presidente y su gobierno, a sus fans, así como a los medios de comunicación que le siguen fielmente, que dejen de dividirnos, creando un falso antagonismo, como se está haciendo con descalificaciones, motes e insultos, una verdadera campaña sembrando odio y enfrentamiento, contrarios a nuestra esencia cristiana, de amarnos los unos a los otros.

@siredingv