No es asunto de rencor, de desquite o de atacar al presidente López Obrador, si afirmamos que “vamos mal”. La administración López-obradorista, en unas cuantas semanas, ha causado graves daños a México. Y hay que decirlo, y decirlo con datos en la mano, para respaldar los dichos.

No es necesario hacer aquí recuento de daños, están a la vista de quien quiera verlos, más porque los mismos se acumulan por semana. Las medidas para destruir lo institucional creado por los gobiernos anteriores, y para anular las instituciones que no se subordinan a los caprichos (que eso son) de Amlo, son algo muy grave. Y es necesario decirlo con toda claridad y con argumentaciones sencillas.

Se atropellan derechos de servidores públicos echados a la calle ilegalmente, en vez de crear empleos. Se ataca a los empresarios, se hacen nuevos chantajes sindicales, verdaderas extorsiones que inhiben la inversión. Se pierden empleos en el sector privado, y estas verdades no se cubren con la debida prioridad y claridad en los medios de comunicación.

El presidente miente constantemente. No sólo se trata de que se gobierna en sentido contrario a promesas claves de campaña, con el caso clásico de bajar el precio de las gasolinas, sino que Amlo sigue mintiendo constantemente, sea para ofrecer lo que no cumple, como para dar informaciones abiertamente contrarias a la realidad. Y hay que decirlo.

El presidente ataca, injuria y ofende a cuanto sector y personalidades no le rinden pleitesía o se le someten a su voluntad. Para atacar a todo ese mundo, recurre a lo que él llama el neoliberalismo, que incluye tanto a los partidos opositores, como al empresariado, nacional y extranjero en su caso. Sigue no sólo sembrando odio, sino creando culpables de lo que está mal, sea de antes o de su propio gobierno.

Ofrece datos de su administración que luego son contradichos por sus propios datos oficiales. Ejemplos, dijo que no se redujo la importación de petrolíferos, y la estadística dice que sí. Dijo que la gasolina no había subido de precio y la realidad en las gasolinerías indica lo contrario.

Como las calificadoras más prestigiadas han bajado la calificación de Pemex y CFE, haciendo el ridículo, a la primera la acusó de hipócrita, algo completamente absurdo, y cuando dos bajan la calificación a México, las acusa de estar en su contra y de no haber señalado antes la corrupción, algo completamente ajeno a su trabajo, que es indicar el grado e confianza o riesgo para los inversionistas.

Todo hay que decirlo con claridad, y con absoluta seriedad y formalidad. Poner frente a la población los datos. Un problema de López Obrador, es que habla demasiado y como el pez, por su boca muere. Miente, se contradice, así que la mejor arma para hacerle señalamientos es usar sus propias declaraciones.

Con sus conferencias mañaneras, se dice que Amlo fija la agenda temática del día en medios, y es verdad, pero no por eso se debe dejar de señalar lo que hace mal, y las mismas mañaneras sirven para hacer notar lo que dice mal, lo que miente, lo que ataca injustamente. Y por separado fijar una agenda paralela, hablando sobre la situación del país, los daños resentidos, las marrullerías de su partido y del deterioro de la imagen externa del gobierno mexicano actual.

Por el buen éxito de su populismo de regalar dinero por todas partes, y sus mentiras reproducidas en los medios, su popularidad anda muy alta, y la gente se resiste a creer la verdad de sus daños a México. Por eso hay que ser críticos muy hábiles, y decir la verdad de este gobierno morenista.

@siredingv


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