México está en un embrollo al parecer insalvable, a causa de una vieja política, de varios sexenios, de cuidarle las espaldas a los gringos respecto al narcotráfico transfronterizo. Algo que se ha complicado con la avalancha de presuntos migrantes centroamericanos y de otras nacionalidades a través de México hacia Estados Unidos. ¿Qué pasó y sigue pasando? Veamos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos compró en México goma de amapola para tener morfina para los heridos de la guerra en Europa y el Pacífico. Y según viejos informes no oficiales, siguieron comprando ¡mariguana! para calmar a sus tropas que primero en Corea y luego en Vietnam, peleaban guerras que les eran absolutamente ajenas. Pongámoslo en duda, pero personas que dicen haber vivido estas operaciones lo afirman. Pero aún hay más, y es lo principal.

Durante decenios, los gringos le exigieron a México que detuviera el tráfico de drogas enervantes hacia su frontera, y lo peor es que este país aceptó hacerlo y lo sigue haciendo. Destina millones de pesos, esfuerzos y personal a luchar contra esas exportaciones ilegales. Y le ha costado a México mucho, pero mucho más que dinero: vidas deshechas o perdidas, daños graves a la sociedad y familias, corrupción a gran escala entre autoridades y en particular policías y militares.

Y esta permanente lucha mexicana contra el narcotráfico tiene una falla enorme, y es que del otro lado de la frontera no se ve algo igual. Mientras México detiene capos, confisca embarques y dineros, medios materiales, armas y encarcela sicarios y sirvientes de los cárteles y sus capos, y ve corromper a su gente, no existe ninguna evidencia de que el gobierno estadounidense haga lo propio.

Ese es el grave problema, que mientras los mexicanos intentan impedir la salida de drogas o su paso hacia el Norte, los vecinos no toman las medidas necesarias para evitar que las mismas entren a su país. México nunca entendió esto, que el problema es de ellos, que es responsabilidad de SU gobierno impedir la entra del narcotráfico, y no utilizar a México para hacerle este trabajo policial.

En Estados Unidos se conoce la lucha, más que débil según se observa, contra el narcomenudeo, pero no se oye o lee la detención de grandes capos ni el desmembramiento de las grandes redes de importación y distribución al mayoreo de la droga. Nada que se compare con los esfuerzos mexicanos ni con los resultados obtenidos. Es más, ellos no han tomado ninguna medida visible para impedir o al menos reducir el tráfico de armas por parte de la delincuencia a México. Y esto se ha pedido, demandado, exigido, por gobiernos mexicanos sin que les hagan caso.

La falta de lucha oficial a gran escala estadounidense contra la entrada de drogas, enviada desde o a través de México, ha traído otras consecuencias funestas para este país. Estados Unidos ha faltado gravemente al cuidado de sus fronteras (todas) y más allá, respecto al narcotráfico, y eso provocó, a través de los años, el gran crecimiento de los cárteles del narco en México. Y esto ocasionó que al reforzarse la lucha contra el narcotráfico hacia Estados Unidos y de dineros de allá para acá, en especial en tiempos de Calderón, los cárteles decidieran explotar más y más a México como mercado alterno.

Al dirigir los cárteles del narco sus esfuerzos al interior de México, la lucha por territorios y mercados los llevó a encarnizadas guerras entre ellos, reclutando y viendo morir a miles de jóvenes sicarios, decenas de miles. Lo que los enemigos políticos de los gobiernos federales panistas llaman y siguen llamando “la guerra de Calderón” y “los muertos de Calderón”, no eran tales, sino las guerras intercárteles y los muertos del propio narco, de sus sicarios, policías y funcionarios, y personas inocentes.

Y los cárteles, ya crecidos en tamaño y actividades, decidieron diversificar sus negocios, con el secuestro, el cobro de piso, el robo de bienes, el homicidio por encargo y otros más. En principio, a mi parecer, estas cosas las hacían los sicarios por su cuenta, hasta que sus capos lo institucionalizaron. Y algo peor, las luchas por los mercados internos (para todos sus “negocios”), con cada vez más cárteles del narco, ha aumentado las matanzas de sicarios y otros colaboradores de los capos. Y no se les ve fin a estas guerras sin cuartel ni piedad.

En resumen, México nunca debió haber aceptado cuidarles la espalda a los gringos, dejar que ellos cuidaran sus fronteras desde dentro y no desde fuera a cargo de los mexicanos. Si así hubiera sido, México no hubiera, hace decenios, visto crecer su narco-delincuencia al actual nivel, la corrupción por no combatirle sería mucho, pero mucho menos.

Y la pregunta, si fallamos haciendo el trabajo sucio de evitar el narcotráfico hacia Estados Unidos, mientras ellos se hacían y hacen tontos, ahora… ¿qué hacemos?

La verdad, no tengo la respuesta, no es nada sencillo, y es mucho lo que hay que hacer, pero, ante todo, exigir a los estadounidenses que se cuiden ellos mismos, que eviten el tráfico de armas y dineros hacia México, que eviten el lavado interno de dinero, cuya escala, conforme a las estimaciones del negocio del narco, debe ser gigantesco, comparado con el lavado de dinero sucio del narco en México o en otros países.

Ya es tarde para corregir muchos daños a la sociedad mexicana, en especial en valores, respeto a la vida y a las leyes. Al menos a mediano plazo, la delincuencia organizada del narcotráfico y sobre todo de sus negocios alternos, seguirá dañando a este país, el que decidió hace muchos años, tratar de que las drogas no llegaran a Estados Unidos, mientras ellos se sentaban a verlas entrar a su tierra. Error mexicano, sí, añejo, pero lo peor: vigente.

@siredingv