Para quienes no quieren cerrar los ojos y oídos, ante las alarmas del mal gobierno de López Obrador y su gente, la preocupación del estado del país, y de su previsible futuro cercano, la cerrazón de los llamados Amlofans les parece incomprensible. Y la pregunta es ¿y ahora qué hacemos?

La verdad es que cada vez más votantes de Amlo el 2018 (no todos Amlofans, sino simplemente decepcionados de lo anterior), se están preocupando y alarmando ante las medidas de política de este presidente. Los datos, propios y ajenos, indican un peligroso deterioro del país, en muchos aspectos, como el económico (cuando Amlo dice que no le preocupa la economía), el caos administrativo (cuando Amlo dice que gobernar no tiene ciencia), el hacendario, el de desempleo creciente, la inseguridad pública, y en particular la inseguridad jurídica para los inversionistas potenciales.

Para quienes se han ido arrepintiendo de haber votado por Amlo y por muchos candidatos de Morena, visto el resultado, ya es demasiado tarde. Ya eligieron hace un año, y ahora todos pagamos las consecuencias. Y falta saber, no conozco ninguna encuesta al respecto, qué pasa por la cabeza de los abstencionistas que no quisieron dar su voto, por las razones que hayan tenido. Pero no siendo Amlofans, lo más razonable es pensar que muchos sí están preocupados por lo que están haciendo y deshaciendo este gobierno y sus legisladores en unos cuantos meses.

Podríamos recurrir al viejo personaje de la televisión: “y ahora ¿quién podrá defendernos?” Respuesta: en todo lo que se pueda, nosotros mismos, los inconformes con el autoritarismo, la destrucción de instituciones, la creciente inseguridad, los proyectos aberrantes como el tren Maya o Dos Bocas, o Santa Lucía.

Los ciudadanos inconformes, en lo individual, pero sobre todo en lo colectivo, deben elevar sus voces y protestar, exigir que se paren las llamadas “ocurrencias”, que se respeten las leyes y que se corrijan muchas otras medidas de gobierno, incluyendo las convertidas en leyes por un Congreso federal a modo, servil al presidente.

¿Qué no sirve de mucho? Está por verse, pues la imagen del presidente se ve afectada, y lo reconozca o no, lo sabe, que se está deteriorando, y que la ciudadanía en inmensa mayoría no está de acuerdo con las ocurrencias, aunque no lo diga o quiera reconocerlo por soberbia. Ya los abucheos se van dando espontáneamente, por grupos agraviados y perjudicados en sus legítimos intereses.

Las acciones jurídicas, el recurso al amparo, van deteniendo medidas arbitrarias e ilegales, como el caso de las estancias infantiles. O los aeropuertos. Con toda su resistencia ante la división de poderes, Amlo se está estrellando ante un Poder Judicial que no ha podido doblegar.

Dentro de las cosas que puede exigir la ciudadanía, está la lucha real contra la corrupción, una lucha que no se ve por ningún lado, que sólo existe en el discurso oficial. No hay transparencia en el gasto público, se violan leyes que obligan a licitar, haciendo asignaciones directas. También se puede y debe reclamar el cúmulo diario de mentiras descaradas del presidente.

Otra cosa que puede hacer la ciudadanía es buscar la concordia social, ante los diarios intentos del presidente de crear divisiones sociales, de etiquetar de diversas maneras injuriantes a quienes no se someten a sus caprichos, a quienes lo enfrentan o simplemente manifiestan opiniones discordantes con su estilo autoritario. No dejarse manipular, con eso de los fifíes, o “la mafia del poder”, o “el neoliberalismo”.

Pero hay algo más, y muy importante: atacar el problema de las elecciones federales “intermedias” y las concordantes locales. Esta es la oportunidad ciudadana de quitarle al presidente la mayoría calificada en la Cámara federal de Diputados, y hasta en algunas locales. Con eso se frenaría en mucho el abuso del poder en connivencias, de ejecutivo y legislativo, que por ahora convierte en legales medidas absurdas del presidente.

La ciudadanía preocupada debe, por una parte, exigir a los partidos de oposición, que se pongan a trabajar para fortalecerse, ganado legítimamente la confianza perdida de los ciudadanos. Que vayan preparando candidatos a legisladores (en particular) que sean verdaderos parlamentarios, que luchen en la iniciativa, en la tribuna y en la votación, por todo aquello que aporte al bien común, y que puedan legislar para revertir las medidas actuales (o esperadas) que van en contra de ese bien común.

Para todo esto, es fundamental el recurso a “las benditas redes sociales” (Amlo dixit). El apoyo “digital” y de viva voz a quienes exigen, con la ley en la mano, sobre todo, que desparezcan el autoritarismo y el populismo tan evidente del presidente, con todas las políticas que están visiblemente perjudicando al bien común de México.

Es tarde para que los inconformes, los que votaron por candidatos diferentes al de Morena, los ex-Amlovers y en mucho los abstencionistas del 2018, cambien su voto, pero sí pueden ahora exigir el respeto al bien común, al Estado de Derecho y prepararse en todas las formas posibles, para que, en las elecciones de 2021, se termine el gran control legislativo obediente al capricho del actual presidente.

@siredingv


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