El mundo entero sufrió una de las mayores crisis económica y financiera en los años 2008/2009, que repercutió gravemente en más de 24 países, según el Fondo Monetario Internacional. Fue la crisis más profunda después de la de 1929 y ambas nacieron y crecieron en Estados Unidos y contagiaron a casi todas las economías del mundo y, desde luego, también golpearon la economía mexicana, con el agravante de que, por efectos de la globalización, la crisis de 2008/2009 todavía tiene secuelas en varios países como Irlanda, Grecia, que se dice retrocedió 10 años en su desarrollo, España que todavía sufre un desempleo mayor al 12% y tiene problemas de separatismo de sus provincias.

Esta crisis le pegó a México en elementos muy sensibles para su economía, pues cayeron fuertemente sus exportaciones a Estados Unidos; se desplomó el turismo internacional; cayó la Inversión Extranjera Directa y hasta las Remesas bajaron fuertemente y además se registró fuga de capitales. El desempleo, que hasta 2008 era de 3.8%, subió en 2009 a 5.5% y el Producto Interno Bruto cuyo crecimiento llevaba un ritmo anual de alrededor de 2.5%, cayó a un -5.5%, es decir, perdió 8 puntos en un año.

Este mes de septiembre se cumplen diez años en que el mundo se enteró a cabalidad que había una grave crisis, cuando el tercer más grande banco del mundo Lehman Brothers, se declaró en quiebra, con lo cual se provocó una cascada de quiebras de empresas de inversiones en hipotecas de vivienda que empezaron a ser intervenidas y finalmente recatadas por el gobierno de Estados Unidos, tales como Indy Mac, la segunda hipotecaria privada más grande del país y también a Fannie Mae y Freddie Mac y hasta Merrill Lynch, institución financiera mundial, fue comprada por el Bank of America, pero en general, todo el sistema bancario de Estados Unidos entró en crisis arrastrando a los bancos europeos, de Asia y de América Latina.

¿Cómo enfrentó el gobierno de Estados Unidos esta crisis financiera? Lo hizo transgrediendo principios y criterios fundamentales de un sistema capitalista: en primer lugar, la FED emitió dinero para inyectarlo a la economía comprando bonos y valores del gobierno, que a su vez los utilizó para rescatar empresas y bancos por casi tres billones de dólares (un fobaproa enorme), prestándoles dinero con tasas muy bajas, hasta a empresas como General Motors, la Chrysler y muchas otras que prácticamente estaban paralizadas y despidiendo empleados; a partir de ahí, las tasas de interés bajaron hasta cero y en algún tiempo hasta ser negativas, es decir, el banco central no pagaba intereses por los depósitos que se le hicieran, sino que les cobraba intereses. Estados Unidos, prestó y hasta regaló dinero al sistema empresarial para rescatar su economía que tuvo un crecimiento negativo de más de 6%.

En México, el gobierno de Felipe Calderón enfrentó esta crisis mundial en forma totalmente diferente y de acuerdo con principios de bien común, pues ante un desempleo de casi 6%, lo que hizo fue implementar un programa de inversiones públicas en carreteras, hospitales, agua potable, plantas de tratamiento y hasta penitenciarías para darle trabajo a los mexicanos. Para ello echó mano de inversión público-privada y de deuda pública que subió de un 28.8% del PIB a un 36% en 2009.

Con estas y otras medidas anticíclicas se logró que ya en 2009 se tuviera un crecimiento positivo del PIB y el desempleo también descendió a menos del 5% en 2010, en momentos en que en el propio Estados Unidos el desempleo era de más de 6% y en toda Europa era de más de 12%, con países como Grecia y España con un desempleo de más de 20%.

Estas decisiones tomadas por el gobierno de Felipe Calderón nunca fueron bien evaluadas por analistas y medios de comunicación, pues siempre pesaron más las noticias sobre el combate al narcotráfico y sus muertos, así como las discrepancias políticas de un PRI desplazado y de un PRD que se llamó a “fraude electoral”. Gracias a esas medidas anticíclicas, los efectos de la crisis internacional de 2008 no tuvieron las repercusiones que sufrieron otros países, incluyendo a Estados Unidos.

Ahora, de nuevo surgen “nubes negras” que parecen indicar la posibilidad de otra crisis económica mundial, dados los problemas de economías emergentes como Turquía, Argentina, Sud-África, Brasil y Venezuela, aunado a los problemas que provoca Trump frente a China, Irán, Canadá y Corea del Norte, para lo cual el nuevo gobierno debe estar muy atento y previsor y actuar con inteligencia.