Con la insistencia del presidente, de que el gran problema de México es la corrupción, la que hay que acabar, sigue culpando de todos los males del país a los gobiernos pasados, pero su gobierno ha demostrado no tener la menor idea de cómo resolverlos, y así intenta ocultar el peor de los problemas nacionales, que por lo demás se resiste a reconocer.

No, el peor de los problemas no es la corrupción. Esa ha existido y seguirá existiendo a gran escala, pues hay más trampas para evadir los controles legales en compras de gobierno y uso de recursos, que medidas para evitar la corrupción. A través de su historia, México ha ido avanzando con todo y los robos de recursos del Estado. El problema ahora está en otro lado.

El peor de los problemas causado por la administración lópezobradorista es otro, que incluye, entre otros muchos factores, el de la corrupción. Empecemos por ésta. Desde la campaña presidencial y aún mucho antes, López Obrador se ha quejado de la corrupción de las administraciones priistas y panistas federales. Y habla y vuelve a hablar de que la combate. Sin embargo, de ese combate simplemente no hay señales, ni de que se busque realmente resolver las corrupciones anteriores ni de evitar corrupción en su administración.

Nada, pero nada realmente demuestra que en este gobierno federal se esté evitando la corrupción. La transparencia en las compras oficiales y el uso de recursos federales simplemente no existe, se evita a toda costa. Las compras directas cuando debió haber licitaciones son pan de cada día, la negativa a rendir cuentas también. No, pues el problema no es la corrupción, ésta es parte de un todo. ¿cuál es ese todo?

El gran problema que México sufre, visto no por sus “adversarios”, sus “enemigos”, los neoliberales, los fifís, que Amlo dice inventan, es una enorme, inaceptable incompetencia para gobernar. Las ofertas de crecimiento, la cacareada “cuarta transformación”, lo dicen todos los indicadores, oficiales y observados calificadamente, son un gravísimo fracaso. Y de nada sirve que diga que tiene “otros datos”, que no muestra o inventa sin fuente alguna.

La corrupción es sólo una de tantas facetas de esta fallida administración lópezobradorista. Se mida como se mida, el país va en picada, y si hasta ahora ha ido mal bajo el gobierno y decisiones de Amlo, todo pronóstico razonable (que no es nada difícil hacerlo), indica que irá peor. Nada indica lo contrario.

Las acusaciones de incompetencia que Amlo y sus corifeos han hecho por años, de que ni el viejo PRI, ni Fox, ni Calderón ni Peña Nieto han sabido gobernar, se quedan en eso: en acusaciones simples, sin demostración frente al avance que mucho o poco ha tenido México. Las “mañaneras” de Amlo, para su desgracia, han sido el mejor auditorio para demostrar que habla una cosa y hace otra. El número de mentiras de Amlo que quedan en evidencia con toda facilidad, lo abruman y lo sacan de quicio.

El problema, el gran problema de México, es estar en manos de un líder y sus segundos, que no tienen, demostrado con número y otros indicadores, es que no saben gobernar, que están invirtiendo el enfoque de recursos a necedades injustificables, como el Tren Maya o Dos Bocas, y a regalar miles de millones con fines abiertamente clientelares en vista a 2021. En tanto, hacen una supuesta “austeridad republicana”, destrozando el sistema de salud, entre otras cosas.

La guerra en contra de las instancias que Amlo no puede doblegar es diaria, destrozando en lo que va pudiendo instituciones que han sido útiles para el país, con excusas inaceptables, como que eran objeto de corrupción, sin demostrarlo y denostando todo su quehacer sin enfocarse en la tal corrupción.

La sumisión abyecta al presidente Trump y a sus exigencias es escandalosa. Amlo se somete y hace todo lo que éste le pide. Destinar recursos militares denominados ahora Guardia Nacional, por miles, para bloquear las fronteras Sur y Norte a los migrantes, humilla a México. Efectivamente, este país está pagando “el muro” (The Wall) como siempre dijo Trump, sólo que es humano, no material.

La sociedad mexicana, la organizada y la no organizada, los partidos políticos que no están a su servicio, la academia y prensa independientes, y hasta las organizaciones religiosas, deben, por defensa del bien común mexicano, reclamar, exigir que se corrija el rumbo de una incompetencia supina del gobierno lópezobradorista y de los legisladores dedicados a cumplirle sus caprichos.

Quienes entre sus colaboradores han manifestado sus desacuerdos con las locuras y las llamadas “ocurrencias” de gobierno, o se han ido haciendo a un lado, o el mismo Amlo los ha desplazado, le estorban, lo ponen en evidencia, y eso no lo soporta.

Los mexicanos no pueden dejar, dentro de la Ley, que un incompetente demostrado y sus cómplices, sigan hundiendo a México. Cada uno tiene algo de responsabilidad al respecto, y debe enfrentarla. Abrirle los ojos a sus amlovers, esos que se empeñan en negar la evidencia flagrante del fracaso de gobierno, no con ataques, sino con argumentos evidentes. El actual crecimiento de un décimo (ya redondeado) de un uno por ciento, dice más que un millón de palabras, y es algo que está poniendo en vergüenza a México ante el mundo. Inaceptable.

@siredingv


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