En los últimos días hábiles del 2019, nuestro presidente anunció que propondrá a la oposición una tregua. La propuesta se perdió en el tráfago de la Navidad y los días inertes del fin de año, los que los aztecas llamaban “días aciagos”.

Tal vez por ello, la propuesta si acaso mereció alguna mención en las redes sociales, diciendo que AMLO está reconociendo que le hace la guerra a la oposición. No se vio un gran entusiasmo, ni de la ciudadanía, ni de la oposición ni por las huestes de MORENA, generalmente tan entusiastas de las propuestas presidenciales. Mucho menos del poder legislativo, muy ocupados aprobando sus aguinaldos y descansando, dicen, de sus arduas labores. Todos desdeñaron la propuesta de López Obrador.

Por otro lado, sí ocurrió una tregua mediática: la interrupción de las conferencias de prensa mañaneras, que dio un alivio a la ciudadanía, hizo lentas las redes sociales y dejó sin material a la prensa y a la comentocracia. Por no hablar de la reducción de ventas de medicamentos contra la ansiedad y los derrames de bilis. A muchos nos gustaría que esa tregua mediática se ampliara.

Pero, en fin, ahí está la propuesta. No sabemos que tiene en mente el titular del ejecutivo; ni siquiera podemos pensar si tendrá tiempo, dadas las situaciones ocurridas en Bolivia, efecto de una visita de cortesía entre las embajadoras mexicana y española en ese país o las consecuencias de las visitas de funcionarios de alto nivel de los EE. UU., que ocurrirán en estos días. Por no hablar de los insultos bolivianos contra Lopez Obrador, acogidos con singular alegría en las redes y con una débil respuesta de los altos funcionarios pidiendo unidad nacional en torno al presidente. Con pocos resultados.

Sí, hay que reconocer que hay una guerra. Una guerra por ambas partes: El ejecutivo como “insultador mayor”, y la oposición sin ideas que proponer, pero fecunda en memes y descalificaciones. La “República Amorosa” nos ha resultado bastante rijosa. Su imagen es de una especie de “Mamá Lucha” con su chancleta en la mano y los insultos en la punta de la lengua. Un modo raro de convencer a la población que no votó por ellos. En fin, cada cual tiene sus métodos.

Para un ciudadano de a pie, como su servidor, sin estudios de política ni experiencia de gobernar, me parece que la mentalidad de MORENA es la de que están en guerra, pero sintiéndose sitiados por fuerzas superiores. Actúan como una minoría sitiada, no como una mayoría vencedora. Y la oposición actúa como lo que son, un grupo que ha perdido una batalla crucial y que no tiene ni ideas ni estrategia para continuar batallando. Porque la guerra no termina: viene el 2021, MORENA no logra la suficiente unidad para elegir una nueva dirigencia y uno de sus aliados, Ricardo Monreal, ya está anunciando que hará un nuevo partido.

Para complicar las cosas, AMLO y MORENA tienen prisa. Algunos ciudadanos me han dicho que el presidente actúa como si tuviera una enfermedad grave y le urgiera poner su huella en la historia. Sus declaraciones de que “está al 100” de salud, recuerdan el dicho de los ancianos: “Dime de lo que presumes, y te diré de lo que careces”. No hay datos: en otros países la salud del presidente es un tema importante. Acá, es un secreto de Estado.

En fin. Habrá que ver cuál es la propuesta de Tregua, si es que ocurre. Podría ser una propuesta de los términos de la rendición de la oposición. O podría, en el otro extremo, acordar algunos temas cruciales para la Sociedad, un acuerdo que dé confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, así como un gabinete de unidad, con miembros de la oposición. Por supuesto, no creo que se llegue a ese extremo, pero creo que eso sería lo ideal.

La verdad, me conformaría con que fuera una tregua de insultos, de “Fake News”, de “otros datos” y de falacias de lógica. Aceptar que las críticas pueden y deben ser constructivas: un acuerdo para que no haya “otros datos” sin fuentes conocidas y validadas. Un debate público, civilizado, informado y racional, con la ciudadanía como calificadora de las opciones.

Un sueño, dirá usted. Con razón. Si mi sueño ocurriera, descendería sobre el país un silencio muy profundo. Porque si todos los que hoy opinan cumplieran esas reglas, la mayoría se quedarían sin qué decir. A lo mejor no sería algo malo. El silencio, si viene de la reflexión, puede ser algo muy fecundo.

@mazapereda


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