Ya se acabó enero y seguimos haciéndonos unos a otros la misma pregunta: ¿Cómo piensa usted que será este año 2020? Yo seguramente estoy tan confundido como los demás. Desde mi ignorancia, mi respuesta ha sido la misma: no creo que haya cambios. Y no lo creo porque no veo que se estén haciendo cosas diferentes. Y si no hacemos cosas diferentes, los resultados serán, en el mejor de los casos, iguales.

No veo que el Movimiento en el poder esté haciendo las cosas diferentes. Evidentemente, están muy satisfechos con su desempeño, y no muestran ni una pequeña señal de autocrítica. El tímido intento de proponer una tregua a la oposición, a finales de diciembre pasado, quedó ahogado en el barullo del inicio de año. Y a un mes del año nuevo, siguen teniendo la rara mezcla de no ver problemas en su actuación y sentirse, dicen ellos, injustamente atacados. De modo que estaremos viendo lo mismo: ataques viciosos en los medios y las redes, grupos de choque enfrentando a las legítimas manifestaciones de la población, en una escalada de violencia que, por lo pronto, se queda en lo verbal. Pero que fácilmente puede ponerse peor.

Tampoco veo cambios en los políticos en el poder. Siguen tan divididos como siempre, como han sido sus raíces, su historia, y tal parece que ya están peleando por la sucesión de AMLO como sí les pareciera que no durará mucho. O que su tiempo en el poder, se pasará demasiado pronto. Ante esa urgencia irracional, es muy probable que traten de acelerar el paso de una transformación que quieren dejar consolidada por los siglos de los siglos.

Ni hablar de la oposición. Cero autocríticas, cero análisis de sus errores anteriores y cero propuestas de ideas novedosas. Han perdido la iniciativa y no logran encontrar propuestas atractivas para el electorado. Con lo cual, no tendría nada de raro que el reparto del poder en el legislativo y en los gobiernos estatales siga aproximadamente igual después de las elecciones del 2021.

Claramente, tienen una crisis de liderazgo. La mayoría de los ciudadanos, ni siquiera tiene claridad de cuál es el nombre de los dirigentes de esos partidos. Usted mismo, amable lector: ¿recuerdan los nombres de los presidentes del PRI, del PRD, del Partido Verde? Yo recuerdo el nombre del presidente del PAN, pero estoy seguro de que la mayoría de la población no lo recuerda. Pero ese no es el tema fundamental. Mucho más grave es el hecho de que nadie recuerda cuáles son sus propuestas en los temas que están a discusión, en qué son diferentes entre sí y con la propuesta de la presidencia, y mucho menos en que son diferentes los unos de los otros. Tal vez, y esto es una débil esperanza, los nuevos partidos que se están formando puedan hacernos propuestas atractivas y visionarias. Hasta la fecha, poco hemos oído de ellos.

Lo más importante es si los ciudadanos, si usted y yo, estamos dispuestos a hacer algo diferente. Hemos pasado un año quejándonos, repitiendo chistes y elaborando “memes”. ¿Cuál es la propuesta ciudadana? ¿Estamos dispuestos a dejar nuestra actitud pasiva? ¿Tenemos claro que las soluciones no van a venir de la clase política y que, a nosotros, los sin poder, nos toca proponer soluciones para que los partidos las tomen y, actuando como nuestros empleados, las implementen? Ya no podemos seguir pensando que nuestro papel en la política es el de la queja. Nuestro papel debe ser el de la propuesta. No podemos seguir desorganizados: debemos construir organizaciones grandes y pequeñas que vayan más allá de la queja y que propongan soluciones. Es un cambio fundamental en la agenda pública: un debate con razones, no con quejas y mucho menos con insultos y mentiras.

Dije al principio que, desgraciadamente, no veo señales claras de un cambio para este año. Mi esperanza, la única esperanza, está en la ciudadanía. Una ciudadanía que ya está aburriéndose de tener más de lo mismo. Y que se merece un mejor trato.

@mazapereda