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El ambiente político y social se ha vuelto más cuestionador, más discutidor, mucho más agresivo sobre los temas que más interesan a la comunidad. Este elevado nivel de discusión, probablemente inédito en nuestra historia, ha demostrado que no sabemos discutir ni debatir. Demuestra, una vez más, que el sentido común es el menos común de los sentidos.

El mundo entero sufrió una de las mayores crisis económica y financiera en los años 2008/2009, que repercutió gravemente en más de 24 países, según el Fondo Monetario Internacional. Fue la crisis más profunda después de la de 1929 y ambas nacieron y crecieron en Estados Unidos y contagiaron a casi todas las economías del mundo y, desde luego, también golpearon la economía mexicana, con el agravante de que, por efectos de la globalización, la crisis de 2008/2009 todavía tiene secuelas en varios países como Irlanda, Grecia, que se dice retrocedió 10 años en su desarrollo, España que todavía sufre un desempleo mayor al 12% y tiene problemas de separatismo de sus provincias.

No, no estoy hablando los partidos mexicanos. O por lo menos, no únicamente de ellos. En estos momentos está ocurriendo una crisis de partidos políticos en España. Desde las últimas elecciones, ocurridas en el pasado 28 de Abril, aún no logran formar gobierno y el Presidente electo, Pedro Sánchez del PESOE, está como encargado del despacho.
En este tiempo los partidos políticos que se asociaron con esa intención aún no logran obtener la mayoría para la investidura del Presidente electo. El próximo 23 de julio se volverá a tratar de obtener una mayoría en el parlamento y, si no se logra, se tratará de obtener al menos una mayoría simple el 25 del mismo mes. Si fallaran, Sánchez ha dicho que Irán a nuevas elecciones el día 10 de noviembre próximo, aunque la ley le permitiría otra ultima intentona en una fecha intermedia.

El capitalismo no es un sistema creado deliberadamente o producto de un diseño predefinido, es una construcción histórica que ha surgido de la interacción entre la naturaleza física y la naturaleza humana. La desigualdad económica es parte intrínseca del capitalismo. Los sistemas sociales más justos que se pueden construir actualmente tratan de disminuirla, atemperarla, pero no desaparecerla, porque ello no es posible. Y no lo es porque la desigualdad es inherente a la condición de ser humano. No hay un ser humano igual al otro. El máximo logro de igualdad lo hizo el cristianismo, cuando el Evangelio nos anunció que todos somos hijos de Dios, y que cada uno de nosotros es amado igualmente por Él. Además, nos enseñó que ese vínculo divino entre Dios y el hombre es precisamente lo que hace que cada vida sea única e igualmente valiosa. Por ello el mayor acto de desigualdad posible es la aceptación social del aborto. Aunque la perversa cultura secular actual quiera engañarnos diciendo que la aprobación legal del aborto es un acto de igualdad y un derecho humano, es exactamente lo contrario.