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El Plan Nacional de Paz y Seguridad no ha dejado contento a nadie. Y presenta un caso de libro de texto sobre las falacias “Ad Hominem”, en las cuales no se juzgan los argumentos según sus propios méritos, sino según el prejuicio que se tiene sobre quien propone el argumento. En concreto: para los que dicen que “es un honor estar con Obrador”, el plan tiene que ser bueno, porque lo propone AMLO. Para los que creen que Andres Manuel es un peligro para el país, el plan tiene que ser forzosamente malo.

A la clase política no le quita el sueño el desempleo. Sus medidas para los distintos gobiernos raramente incluyen el tema. Con gran galanura anuncian medidas políticas que ponen en peligro los ingresos de las familias. Esto, por supuesto, ocurre en todos los países, pero en países como el nuestro donde la seguridad social es limitada, el problema es severo.

“No fue Zeus quien a mí me las dictara,
Ni es ésta la justicia que entre hombres
establecen los dioses de la muerte.

No pensé yo que los pregones tuyos,
siendo de hombre mortal, vencer pudieran
la ley no escrita y firme de los dioses.

No es de hoy ni de ayer, es ley que siempre viviendo está, ni sabe nadie cuándo por primera vez apareció… y si a tu juicio locura es mi conducta, ¿quién nos dice que si el loco es más bien el que así juzga?”

Sófocles, Antígona (primer episodio)

No me lo tome a mal, no estoy vaticinando nada. Sólo creo que no existe una verdadera preocupación sobre los proyectos que, abandonados, comienzan a levantar maleza en el silencio. Las obras inconclusas o los llamados ‘elefantes blancos’ son la ominosa prueba del verdadero dispendio, de corrupción, falta de liderazgo y ausencia de creatividad.