Muchas veces nos encontramos en situaciones en las que el curso de acción que debemos tomar no nos resulta claro. A veces no sabemos qué hacer y no sabemos qué espera Dios de nosotros. Es en estos momentos de duda e incertidumbre en los que pedimos “una señal divina” que entre los cristianos angloparlantes se volvió famosa la expresión: “What would Jesus do?”, que en español podría traducirse como “¿Qué haría Jesús?”.

Plantearnos esta pregunta: “¿Qué haría Jesús?” me parece un valioso ejercicio de reflexión que nos permite detenernos en momentos de duda y confusión y que puede ayudarnos a vivir conforme a las enseñanzas de Jesús. Con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia que celebra hoy la Iglesia me gustaría plantear dos nuevas variantes de esta pregunta que pueden ayudarnos a vivir más profundamente una vida cristiana: “¿Qué haría María?” y “¿Qué haría José?”.

Aprovechemos esta fecha para reflexionar sobre la Sagrada Familia y cómo podemos aprender de ella para ser cada día mejores hijos, hermanos, padres, madres…

María y José: padres ejemplares.

En la lectura del evangelio de hoy escuchamos que “Jesús crecía en estatura, en sabiduría y gracia ante Dios” (Lc 2, 52). Estas líneas del Evangelio resumen una verdadera formación integral: María y José velaron en todo momento por el desarrollo pleno de Jesús.

Crecer en estatura, sabiduría y gracia ante Dios resumen las dimensiones más importantes que hay que cultivar en los hijos: desarrollo y bienestar físico, desarrollo académico e intelectual y la más importante: gracia ante Dios.

La formación de los hijos es tarea primordialmente de los padres de familia. Los padres no pueden desentenderse de esta gran responsabilidad. No olvidemos que el ejemplo es un gran maestro y la manera en que se comportan los padres es crucial para el aprendizaje y desarrollo de los hijos. Los deberes cívicos y la importancia de la familia en la sociedad también son parte importante de la formación en familia. En la familia de Nazaret podemos intuir esta preocupación: no nos sorprenda que Jesús diga “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” cuando sus padres, dando un buen ejemplo de ciudadanía, siguieron la ley según la cual tuvieron que viajar a Belén para registrarse en el censo.

Jesús, hijo del carpintero.

Según la tradición, San José era carpintero, y habría enseñado a su hijo Jesús este mismo oficio. Sin embargo, el término griego que tradicionalmente se ha traducido como “carpintero” es “tékton”, pero esta palabra también suele traducirse como “artesano” o de manera más general como “obrero”. “Tékton” es una derivación de la palabra griega “tekné” (de ahí la palabra “técnica”) que se refiere a la fabricación, producción de algún producto o bien a la transformación de materiales para su uso cotidiano. Por lo anterior, el oficio de San José pudo ser la de un obrero manual, no necesariamente carpintero, sino también alfarero, ebanista o constructor (En español, por ejemplo, aún se conserva el sentido de “constructor” en la palabra “arquitecto”, donde el arquitecto es el principal de los “tékton” o constructores).

José enseñó su oficio a Jesús y con ello además del dominio del oficio Jesús aprendió el valor del trabajo, y la importancia del trabajo y el efecto positivo en su comunidad. Con el relato del génesis, en el que tras haber comido del fruto prohibido Dios dice a Adán: “Maldita sea la tierra, con dolor comerás de ella” parece que el trabajo es un castigo de Dios. Sin embargo el castigo no es el trabajo, sino el cansancio y el dolor. El trabajo es divino y esto queda patente cuando Dios, hecho hombre trabaja en el taller de José.

Ya haya sido carpintero, alfarero o constructor, algo es seguro: Jesús aprendió el oficio de su padre y lo ejerció, valga la expresión como Dios manda. No me imagino a Jesús entregando un trabajo tarde, quedando mal con un cliente ni inflando los precios de su trabajo.

Es natural, que al plantearnos el seguimiento de Jesús en nuestras vidas, vengan a nuestra mente imágenes de Jesús durante su pasión y posterior crucifixión. Sin embargo, ¿Cómo imitar a Jesús en nuestra vida cotidiana? Muy sencillo: se nos olvida que de los 33 años que vivió Nuestro Señor, solamente dedicó 3, que conocemos como “vida pública”, a evangelizar y hacer milagros. Los otros 30 años los vivió de manera ordinaria: como hijo obediente, judío piadoso y obrero trabajador.

“Haz lo que debes y está en lo que haces” nos recordaba San Josemaría Escrivá. ¿Quieres imitar a Jesús? Imítalo en lo ordinario, haciendo como Dios manda tus labores cotidianas, según te corresponde: ya sea como estudiante, profesionista, ama de casa, etc.

Cuando tengas duda sobre qué hacer o qué espera Dios de ti recuerda que antes de convertir el agua en vino, curar enfermos y predicar el reino de Dios, Jesús fue un hombre de familia: hacía los quehaceres cotidianos y trabajaba arduamente. Antes de querer salir a salvar al mundo y llevar la Buena Noticia a todos, pregúntate cómo es tu relación con tu familia. Sé una buena madre, hermana e hija, un buen padre, hermano e hijo. Sé un buen estudiante, un buen profesionista.

En estos momentos en los que se pone en tela de juicio el importante papel de la familia y en los que la educación de los hijos se ve amenazada por tantos peligros, encomendémonos a Jesús, a María y a José, pidamos por nuestra familia y las del mundo entero para que a ejemplo de ellos vivamos con Dios al centro de nuestras vidas, formando a los niños y jóvenes para que crezcan en estatura, sabiduría y gracia de Dios.

Cuando tengas duda y no sepas qué quiere Dios de ti: mira a la Sagrada Familia de Nazaret y pregúntate: ¿Qué haría Jesús? ¿Qué haría María?, ¿Qué haría José?

@raulomar