Del 24 al 27 de enero se realizó la Jornada Mundial de la Juventud en la República de Panamá, con la participación de más de un millón de personas en los diversos eventos. Su historia se remonta a 1985 cuando la ONU decreta el Año Internacional de la Juventud, y la Iglesia Católica organiza un encuentro internacional con 350.000 jóvenes reunidos en la Plaza de San Pedro en Roma. En diciembre de ese año el papa Juan Pablo II instituye la Jornada Mundial de la Juventud a celebrarse cada tres años.

Estos eventos se preparan con años de anticipación por la complicada logística de traslado, alojamiento y alimentación de miles de personas asistentes de todo el mundo. Se registraron en total 2500 periodistas, 2250 sacerdotes y 19500 voluntarios.

La asistencia final de la delegación mexicana fue de 12 mil jóvenes, según el comité organizador, destacando por sus internacionalmente famosas porras, gritos y cantos antes, durante y después de cada evento:

“Es muy motivador ver a miles de jóvenes de todo el mundo en un ambiente de hermandad, bailando, cantando, compartiendo experiencias de vida. En estos días he corroborado que Cristo está vivo, que la Iglesia es una Iglesia en salida que busca la comunión, la verdad y el amor.  Después de estos días en Panamá, como lo dijo el papa Francisco, quiero regresar a México a decirle a mi familia, amigos, a mi novio y compañeros de universidad, que Dios está vivo y anunciar su Evangelio no sólo con palabras, sino con mi testimonio y seguir luchando por la santidad día a día…” dijo Sandra Rentería, quien acudió con una delegación de 1030 jóvenes del Movimiento Regnum Christi, de diversos países.

El Papa Francisco dijo a los jóvenes: “No son el mañana, sino el ahora de Dios. Vuelvan a sus parroquias y a sus amigos y transmitan lo que han vivido”. Sin descuidar lo que sucedía en el resto del mundo, el Pontífice dedicó un mensaje de solidaridad a las víctimas de la explosión del gasoducto en Hidalgo, que ha causado la muerte de 115 personas. Emitió también una exhortación al pueblo venezolano para alcanzar una solución justa y pacífica ante la crisis política que está polarizando al mundo.

Mientras se vivía una fiesta de alegría y esperanza en Panamá, un grupo terrorista detonó dos bombas durante una misa en la Catedral de Jolo, en Filipinas, causando 20 muertos y 48 heridos. Al respecto el Papa pidió desde la Jornada Mundial de la Juventud, que se mantenga la unidad y la oración para que Dios convierta el corazón de los violentos y conceda a la región una serena convivencia.

Ante este panorama, Ana Paula Escalante originaria de Sonora y miembro de Juventud y Familia Misionera aseguró que: “participar de estos encuentros de jóvenes católicos, sí ayuda a cambiar la vida de los jóvenes. Te hace más consciente de tu responsabilidad como católico, como ciudadano y te motiva a reconstruir el tejido social de las comunidades”.

El Cardenal Kevin Farrell, anunció ante 700 mil jóvenes que la próxima Jornada Mundial de la Juventud será en el 2022, en Lisboa, Portugal.

En estos días se vivieron grandes contrastes: entre la violencia, la tragedia y la esperanza, destacó el protagonismo de millones de jóvenes que gritaron al mundo que están dispuestos a imponer su alegría, entusiasmo, ideas y acciones concretas para reconstruir familias, comunidades y países.