“Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra?” Lucas 18,8

Recientemente, en uno los diarios de circulación nacional, el reconocido historiador, profesor e investigador de vapuleado CIDE      (Centro de Investigación y Docencia Económicas) escribió un artículo que causó bastantes comentarios. El artículo se titula “¿Iglesias sin cristianos?” y trata el tema del abandono de los templos por personas que se declaran cristianos o católicos.

Un tema que ya ha sido señalado anteriormente en diversos artículos y muy particularmente en un estudio realizado por el IMDOSOC titulado “La Iglesia en México”.  El asunto es que un porcentaje cada vez mayor de los que se declaran miembros de algunas de las iglesias cristianas y de la Iglesia Católica están asistiendo menos a los templos. Un tema que es más fuerte aún en Europa, donde se han cerrado templos y se han convertido en almacenes, restaurantes, centros de esparcimiento y, en el mejor de los casos, en museos.

Esto está ocurriendo sobre todo en Europa, mientras que la asistencia a los templos está creciendo en África y se mantiene en las Américas. En el propio artículo del historiador aclara de que el punto no es el celibato de los sacerdotes ni los abusos sexuales.     El autor opina que estamos en un cambio de época, un cambio cultural que explica este tema. Está de acuerdo con otros autores que hablan del inicio de una “era secular”.

Es muy interesante el paralelo con la historia que narra Seymour B. Liebman, en un excelente libro titulado “ Los judíos en México y América Central”, publicado por la editorial Siglo XXI en 1970. En los capítulos finales de dicho libro, el autor, que ha dado cuenta de la supervivencia de los judíos en la Nueva España, narra que estos se encontraron en que ya no había una persecución, una vez que México se independizó España. Y en menos de una generación desaparecieron las comunidades judías en nuestro país. Básicamente, se asimilaron en la sociedad, una vez que la persecución desapareció.

En el artículo de Meyer se menciona el caso de Polonia, donde el catolicismo había resistido la influencia y la persecución del comunismo soviético y cuando, al derrumbarse la URSS, empezó a declinar el catolicismo o, por lo menos, la asistencia a los templos. Aunque Meyer no lo menciona, algo así pasa con los Irlandeses. Casos parecidos al que le ocurrió a los judíos que vivían en México y en América central.

Tal parece que la ausencia de una persecución abierta promueve la asimilación de los fieles a la cultura secular prevaleciente en la mayoría de los países. Y, por otro lado, en los países como los africanos donde hay una persecución islámica, las iglesias crecen.

El gran problema para las iglesias, como lo es para el judaísmo en algunos países, es la asimilación, no la persecución. Cuando los feligreses cambian su estructura de valores y empiezan a darle mayor importancia a otros valores seculares, están asimilándose a la cultura que, en los tiempos preconciliares, se denominaba “ El Mundo” y que se consideraba como uno de los enemigos del alma.

Y es que la iglesia no tiene garantizado un crecimiento permanente. Ya Joseph Ratzinger, posteriormente Benito XVI, en una entrevista de la radio alemana, habló de que el veía en el futuro una iglesia más pequeña, con pocos feligreses, pero con una gran adhesión a los principios y los valores de nuestra iglesia. El propio Jesús, en el capítulo XVIII del evangelio de San Lucas cuestiona sí, cuando ocurra su segunda avenida, encontrará fe en el mundo. Y, de acuerdo con el contexto, no se trata de un mero artificio literario. Claramente Jesús está diciendo que cuando regrese encontrará pocos creyentes. ¿Será ésta una señal de los últimos tiempos? ¿O será meramente una etapa transitoria, como ya han ocurrido en otras épocas de la iglesia católica y las iglesias cristianas?

Lo que parece seguro es que debemos de cuidar con mucho mayor ahínco que los feligreses no se asimilen a los valores mundanos. No porque necesariamente sean malos. Nada de malo tiene el fútbol, pero cuando, al escoger entre asistir a la eucaristía o presenciar un partido de fútbol nos decidimos por la segunda opción, estamos dando un paso en nuestra asimilación a los valores mundanos y alejándonos de los valores que son específicos de nuestra religión.

Siempre habrá persecuciones. Algunas de alta intensidad, otras de baja intensidad. En nuestra época actual las más exitosas no son las persecuciones de alta intensidad, sino la asimilación de grandes cantidades de personas que, o se declaran creyentes, o que consideren que creer es algo sin importancia y ninguno de ellos van a los templos. En la medida que no encontremos cómo detener esa asimilación, tenemos el riesgo de padecer la extinción que tuvieron los judíos mexicanos en el siglo XIX o cómo ocurrió con las diez tribus pérdidas de Israel, que ya no regresaron a Palestina y se perdieron en la historia.

@mazapereda


Síguenos en la Redes Sociales

Más leidos

  • Semana

  • Mes

  • Todos