La violencia parece ser el signo distintivo de las dos primera décadas del siglo XXI, los medios de comunicación social y las redes sociales se encargan de informarnos de las barbaries de las guerras en diversas partes del mundo, algunas han durado más de ocho años devastando poblaciones enteras. En otros lados la represión de la dictadura mantiene acosada a la población. Las mafias de la droga y el tráfico de personas amagan a la sociedad en general. La ambición de los políticos parece insaciable frente a la pobreza y el hambre de gran parte de la población.

Por desgracia, muchos de los políticos tienen una gran responsabilidad en esta escalada de violencia a nivel mundial. Por regla general, en los sistemas democráticos, cada elección de nuevos gobernantes infunde en el corazón de los ciudadanos la esperanza de una vida mejor, de una sociedad más justa, situación que los políticos aprovechan para condimentar sus discursos con palabras agradables a esos oídos esperanzados, con el ánimo de obtener el voto que los lleve al poder, mas por desgracia, una vez que están en ese puesto olvidan sus promesas y se dedican a satisfacer sus ambiciones personales, sin importarles el bien de la sociedad a la cual deberían servir.

Estas actitudes de los malos políticos, generan entre los ciudadanos un gran escepticismo, pierden la esperanza de ver mejoras sustanciales, por lo que muchas veces lo único que desean es que las cosas no empeoren.

Ante esta circunstancia mundial, el Papa Francisco eligió como tema de la LII Jornada Mundial de la Paz, celebrada el 1 de enero de 2019, “La buena política está al servicio de la paz”, para resaltar las virtudes que deben cultivar los gobernantes, en el trabajo de guiar a su pueblo para alcanzar el bien común. En este mensaje resalta la mención de “las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002”, las cuales transcribo en letras cursivas para comentarlas brevemente:

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.” El servidor público debe estar siempre consciente de le preeminencia que le otorga su puesto, por lo tanto debe tener siempre en mente que debe entregar su actuar en beneficio del pueblo. Cuando conoce a profundidad lo que esto representa, puede guiar sus acciones por el buen sendero.

“Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.” Hacer que la gente crea en él, no se logra con las palabras e imágenes maquilladas de la propaganda gubernamental, se construyen en cada momento con las acciones coherentes y constantes de justicia, de veracidad, de crecimiento social.

“Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.” Trabajar por el bien común es ir acomodando las piezas del rompecabezas político, social y económico en beneficio de todos los habitantes de su país, por regla general sacrificando los deseos de acumular riquezas personales.

“Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.” La coherencia significa hacer lo que se prometió en campaña en beneficio real de la sociedad, para ello las acciones deben representar fielmente lo que se expresa en el discurso. Cuando dicen una cosa y hacen otra, pierden la confianza de sus gobernados.

“Bienaventurado el político que realiza la unidad.” Un buen gobernante debe ser capaz de conciliar los intereses de los diferentes grupos sociales para evitar los enfrentamientos entre ellos, a la vez de guiarlos por un camino común de justicia y paz.

“Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.” Ante las circunstancias difíciles en lo político, social y económico de una nación, el pueblo siempre anhela cambios, los cuales deben ser realizados desde la raíz del problema, a efecto de que no se vuelvan a repetir, para hacer avanzar de manera efectiva el desarrollo de la sociedad. Si los cambios son superficiales, con el tiempo terminan agravándose los problemas.

“Bienaventurado el político que sabe escuchar.” No se trata de oír lo que endulza sus oídos para fortalecer su ego, escuchar es atender con sabiduría lo que realmente le está diciendo su pueblo para actuar en consecuencia, lo que a veces puede resultarle doloroso.

“Bienaventurado el político que no tiene miedo.” El que tiene el valor de actuar sinceramente, en coherencia con los principios de la justicia y el bien común, afronta a aquellos grupos que solamente buscan el beneficio propio en demérito de la población en general.

No es fácil esta labor, sobre todo con las fuertes presiones que ejercen los grandes intereses económicos de empresas voraces a nivel mundial; las directrices marcadas por los países poderosos que buscan mantener su primacía internacional; los grupos intermedios que desean satisfacer sus ansias de riqueza y poder; los grupos delincuenciales que los tienen atados de manos; y en fin la presión de todos aquellos que prefieren mantener sistemas corruptos para el beneficio personal.

No es fácil, pero si practican las virtudes humanas y morales, pueden ser los generadores de la paz que requiere su comunidad para su desarrollo integral.