La extraordinaria periodista Valentina Alazraki, decana de la corresponsalía vaticana, realizó hace unas semanas una larga y sumamente clarificadora entrevista al papa Francisco. Casi cada respuesta del pontífice tomó forma en diferentes informativos. Un tema quedó en el tintero de muchos medios, pero no para el pontífice que quiso retomarlo este 4 de junio: el incierto futuro de la sociedad bajo las reglas de la actual dinámica financiera.

En la entrevista, Bergoglio alertó que las sociedades pueden cometer ‘la crueldad más grande’ cuando se pretende defender la idea del ‘territorio’ o la ‘economía’ mientras se descarta a los extranjeros y a los miserables. Inmediatamente después, el Papa criticó el estatus de lo que se puede interpretar es el resultado de la inequidad en la distribución de los bienes económicos: “Cada vez hay menos ricos con la mayoría de la fortuna del mundo. Y cada vez hay más pobres con menos de lo mínimo para vivir… claro: los pobres buscan fronteras, buscan salidas, horizontes nuevos”.

La ‘crueldad más grande’, para Bergogilo, es el desprecio y el rechazo a los pobres que, buscando horizontes nuevos, emprenden la migración o la movilidad social; pero el pontífice pone claridad: la crueldad puede nacer de la defensa de una idea del territorio o, peor, de una idea económica.

Por supuesto, en la historia del papado han existido recurrentes críticas al capitalismo salvaje producto de un liberalismo económico centrado en el consumo y la ganancia que deshumaniza al hombre y mercantiliza la vida; pero Francisco pone el acento en el sistema financiero, en su volatilidad, en lo inasible de su utilidad real para la gente: “Lo concreto de la fortuna en un mundo de finanzas es mínimo, lo demás es fantasía”, responde a la periodista.

Francisco tiene serias preocupaciones por el mundo de las finanzas (“En este mundo de las finanzas es donde se dan estas injusticias sociales”), distingue con claridad que la economía puede armonizarse con el ser humano, pero acusa sin piedad al modelo financiero. Casi lo ubica en la dimensión ‘antinatural’: “Una economista famosa me dijo que intentó hacer un dialogo entre economía, humanismo y espiritualidad, y le fue bien... Quiso hacer lo mismo entre finanzas, humanismo y espiritualidad y no le funcionó porque por eso gaseoso y abstracto que tiene, la finanza”.

Es decir, el papa Francisco le “trae bronca” al modelo financiero global. La imparable migración, el desastre ecológico, la alienación mercantilista, el consumismo desaforado, la pérdida de sentido, la falta de ternura con el prójimo, las guerras contemporáneas, la indiferencia, el egoísmo y el descarte de los débiles tienen raíz en el desequilibrio propiciado por leyes absolutas de mercado.

Un desequilibrio que sólo se remedia atendiendo la tríada “tierra, techo y trabajo” como garantía social para todas las comunidades. Por lo menos es lo que reflexionó la Cumbre de Jueces Panamericanos sobre Derechos Sociales y Doctrina Franciscana celebrada el 3 y 4 de junio por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales de la Santa Sede.

Se trata de una cumbre en la que se analiza la implementación efectiva de los derechos sociales económicos y culturales (DESCS), se buscan los caminos para implementar la triada tierra, techo y trabajo, se estudia cómo hacer frente a las restricciones presupuestarias y los controles bancarios o financieros exógenos basados en la deuda externa de los países y cómo superar las presiones políticas y crear un movimiento mundial basado en la defensa sin restricciones de los derechos sociales.

Es decir, cómo quitarle lo vacío al sistema financiero y -nunca mejor dicho- aterrizarlo, poner a ras de suelo, palpable y disponible para el disfrute y responsabilidad de las personas, de los pueblos.

Este tema es recurrente en Bergoglio, en 1998 como arzobispo de Buenos Aires criticó al capitalismo moderno por utilizar el dinero como elemento opresor del hombre, por alienarlo con anhelos de autosatisfacción individualista y no de búsqueda de bien común. El propio Bergoglio en su encíclica Laudato Si’ (2015) explica: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

No es el primer pontífice de expresar esta preocupación. Ya antes las encíclicas Rerum Novarum (Leon XIII, 1891), Populorum Progressio (Pablo VI, 1967), Centesimus Annus (Juan Pablo II, 1991) o Caritas in veritate (Benedicto XVI, 2009) dejaban en claro que el derecho de la propiedad privada no es absoluto: “La propiedad privada, por su misma naturaleza, tiene también una índole social”. A partir de esta convicción, para los católicos la libertad humana antecede a la libertad económica; cuando se ‘adoctrina’ en el sentido contrario, el hombre y la tierra sufren.

Para ahondar en esto, el papa Francisco clausuró la Cumbre con un clamor contra las desigualdades de las sociedades actuales, criticó a ‘doctrinarios’ que intentan explicar que los derechos sociales son viejos y que no aportan a las sociedades actuales dominadas por las leyes del mercado o las finanzas; y repudió a quienes “confirman políticas económicas y sociales que llevan a nuestros pueblos a la aceptación y justificación de la desigualdad e indignidad”.

La ‘crueldad más grande’ del hombre contra el hombre surge, por tanto, cuando se condicionan (o relativizan) los derechos sociales a la tierra, techo y trabajo para priorizar la ideología financiera o las leyes del mercado. Un asunto que parecía residuo de una genial entrevista pero que, está en el centro del pontificado de Francisco, aunque los poderes financieros y políticos hagan oídos sordos.

@monroyfelipe