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Jesús quiere que los cristianos seamos buenos samaritanos, como el de la parábola que Él puso al doctor de la Ley, según el evangelio de San Lucas (10, 27-37). El buen samaritano ayudó al hombre asaltado y golpeado que encontró en el camino. Este hombre “practicó la misericordia con él”, si, y Jesús dijo que hagamos lo mismo.

¿Es malo ser rico? No, lo malo es no ser pobre de corazón, o estar apegado a la riqueza sobre lo realmente valioso ante Dios. El Señor no condena la riqueza, condena el mal uso de ésta. A través de la Escritura, aparecen ricos, y muy ricos, que no por serlo cayeron de la gracia del Señor, y en la vida pública de Jesús, hay varios casos en que convive con hombres ricos.

Decía Bonhoeffer, que Pascua significa “vivir a partir de la Resurrección”. Y cuando se cuestionaba sobre la Pascua, respondía que “nos preocupamos más de morir que de la muerte”… y seguía: “Sócrates supo morir, Cristo venció a la muerte”. Para terminar citando a Arquímedes con su famosa palanca: “aquí es donde se halla la respuesta al dame un punto de apoyo y levantaré el mundo”… esta palanca desde donde podemos transformar todo lo que existe, es la Resurrección de Cristo. Es la Verdad desde la que tenemos que configurar nuestra vida cristiana.

La solemnidad de la Procesión del Silencio es conmovedora. La pasión de Cristo es recordada en Morelia y en muchos lugares del mundo de ese modo. Pero también en el Vía Crucis que se recuerda todos los años y nos hace presenta la suprema entrega de quien, por cada uno, quiso morir para rescatarnos y restablecer la comunicación con Dios, nuestro creador. De esas conmemoraciones, la más profunda e impactante ha sido el Vía Crucis presidido por el Papa, desde que lo inició el beato Paulo VI. Es un momento de profunda reflexión acerca del misterio de la redención y las implicaciones que ella ha tenido a través del tiempo y, en particular, para nosotros.