Jesús quiere que los cristianos seamos buenos samaritanos, como el de la parábola que Él puso al doctor de la Ley, según el evangelio de San Lucas (10, 27-37). El buen samaritano ayudó al hombre asaltado y golpeado que encontró en el camino. Este hombre “practicó la misericordia con él”, si, y Jesús dijo que hagamos lo mismo.

La verdad, es que constantemente encontramos ocasiones, grandes y sencillas, de ser buenos samaritanos. Siempre habrá oportunidad de ir y hacer lo mismo, tener misericordia del prójimo. Que nos encontremos a una persona robada y golpeada, es difícil, pero siempre encontraremos personas a quienes podremos hacer pequeñas obras de misericordia. Tengamos en cuenta que el mismo Maestro nos dijo que ni un vaso de agua quedará sin recompensa” (Marcos 9:41; Mateo 10:42). Todo cuenta como misericordia.

Ayudar a un anciano a moverse, a cargar un bulto que ya le resulta pesado, a apoyar a un invidente que desea cruzar una avenida congestionada, a ceder el asiento a quien lo necesita más que nosotros. A dar una limosna a un viejo o a un discapacitado a quienes nadie les dará trabajo, a levantar a quien ha tropezado. Los casos llegan hasta el dar el saludo a quienes sirven sin que nadie los vea como personas.

Es más, el orar al Señor por quien tiene necesidad, es ya ser buen samaritano. Dar un buen consejo al momento, enseñar algo a quien lo necesita. Comprar al pobre o al pequeño comerciante en vez del autoservicio.

Ayudar a un accidentado, solicitar auxilio médico, pedir ayuda a la policía cuando vemos alguien violentado en la calle. No siempre es nuestra la ayuda, pero lo es nuestra intervención para que quien pueda hacerlo lo haga, para eso sirven los ya comunes celulares inteligentes.

Hace unos años, cuando vivía y estudiaba en Bélgica, viví al “buen samaritano”, fui su testigo y colaborador. Les platico. Circulaba en carretera en una lluviosa tarde con un conductor que aceptó llevarme en su auto hacia Bruselas (de donde iría yo a Lovaina, a casa), cuando nos topamos con una colisión: un auto Volkswagen (vochito) chocó de frente con una camioneta, saliendo disparados los vehículos hacia derecha e izquierda. Los tripulantes del auto, dos holandeses, sin el debido cinturón de seguridad puesto, golpearon el parabrisas, quedando con sus caras heridas y sangrantes, además de otros golpes. Ver el parabrisas con las roturas de las caras y con sangre, era estremecedor.
Mi conductor frenó de golpe y con todo y lluvia ambos salimos corriendo a auxiliar a los heridos, mi conductor les habló y les pidió no moverse, nosotros recogimos su equipaje que había salido disparado de la cajuela, mientras un grupo de personas observaban sin moverse a ayudar. Sólo miraban.

De allí volvimos al auto y me dijo: “busquemos ayuda médica”, (los demás seguían mirando sin intentar ayudar) y con eso nos detuvimos en dos pueblitos a donde descendió a pedir ayuda, pero no la había. Así que me dijo algo así como “qué pena, tratamos de ayudar y no pudimos”. Un poco más adelante nos cruzó una ambulancia con sirena abierta, y el conductor me dijo “espero que vayan a ayudar a nuestros amigos”. Nuestros amigos…, que lo eran para quien ayuda en nombre del Señor. Este hombre misericordioso, fue mi ejemplo personal de lo que es un “buen samaritano”. Y si alguien realmente llamó para pedir la ambulancia, fue otro buen samaritano, pero no lo vi.

Seamos los buenos samaritanos que quiere el Señor, en la vida diaria, en pequeñas ayudas al prójimo con el que nos crucemos en la vida, en lo poco o en lo mucho, según el caso, y recordemos que nada quedará sin recompensa de parte del Señor, ni un vaso de agua. Eso es amar al prójimo como a sí mismo.

@siredingv


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