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Del 24 al 27 de enero se realizó la Jornada Mundial de la Juventud en la República de Panamá, con la participación de más de un millón de personas en los diversos eventos. Su historia se remonta a 1985 cuando la ONU decreta el Año Internacional de la Juventud, y la Iglesia Católica organiza un encuentro internacional con 350.000 jóvenes reunidos en la Plaza de San Pedro en Roma. En diciembre de ese año el papa Juan Pablo II instituye la Jornada Mundial de la Juventud a celebrarse cada tres años.

Bien sabemos cómo Jesús dijo a unos pescadores, “ven y sígueme”, y de inmediato lo siguieron. Y estuvieron con Él siempre. Su misión al seguirlo, era ser sus nuevos profetas, los que llevaran Su mensaje de salvación. Por la invitación, pienso que, por acción del Espíritu Santo, esos pescadores, convertidos en pescadores de hombres, le siguieron como sus apóstoles.

Nos cuenta San Marcos en su evangelio (1,35): "De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar." La vida pública de Jesús era más que intensa, en tres años dejaría enseñanzas y testimonios para el futuro de la historia. Pero constantemente, los evangelios nos narran que Jesús oraba, como lo hizo cuarenta días antes de iniciar esa vida pública. En las últimas horas de su vida, el Jueves Santo, fue a orar antes de dar su vida por nosotros.

Muchas veces nos encontramos en situaciones en las que el curso de acción que debemos tomar no nos resulta claro. A veces no sabemos qué hacer y no sabemos qué espera Dios de nosotros. Es en estos momentos de duda e incertidumbre en los que pedimos “una señal divina” que entre los cristianos angloparlantes se volvió famosa la expresión: “What would Jesus do?”, que en español podría traducirse como “¿Qué haría Jesús?”.

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