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“La belleza salvará al mundo” Fiodor Dostoyevsky

A días del incendio de la catedral de Notre Dame, vale la pena reflexionar sobre el papel de una época donde se creó una gran herencia para la humanidad, no solo para los franceses, y cómo esa belleza sigue dando frutos hoy en día.

Comenzaré con dos anécdotas de vida.

En la primera anécdota, la hija de un matrimonio católico que cumpliría quince años de edad, pidió a sus padres como regalo un viaje a París. Ellos cumplieron su sueño y la llevaron hasta esa famosa ciudad francesa.  La familia se conmovió al ver la Torre Eiffel, la recorrieron en varias ocasiones mientras estuvieron de visita en la ciudad y regresaron felices para platicar con todos sobre su visita parisina. Ah, pero no se dieron cuenta de algo muy importante, la visita a uno de los monumentos más emblemáticos de la cultura francesa y mundial y un símbolo íntimo de unión en el cristianismo: La Catedral de Notre Dame.

La semana pasada se dio a conocer la intención del Gobierno Federal de modificar la Constitución con el objeto de permitir a la Iglesias el derecho a tener estaciones de radio y de televisión abierta. Un tema viejo que muchos hemos visto como una discriminación por motivos religiosos en nuestro país. Parte de la persecución de baja intensidad que hemos vivido en este país en distintos momentos y en diferente grado durante nuestra historia.

Un tema que requiere mejor tratamiento en el sistema de justicia de nuestro país es el del trato a las víctimas del delito. Aquí, después de un largo período donde los acusados tenían que demostrar su inocencia, donde de entrada se les suponía culpables y donde las policías fabricaban delincuentes, una reforma constitucional reafirma la presunción de inocencia hasta que se demuestre la culpabilidad del acusado ante un tribunal.

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