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La violencia parece ser el signo distintivo de las dos primera décadas del siglo XXI, los medios de comunicación social y las redes sociales se encargan de informarnos de las barbaries de las guerras en diversas partes del mundo, algunas han durado más de ocho años devastando poblaciones enteras. En otros lados la represión de la dictadura mantiene acosada a la población. Las mafias de la droga y el tráfico de personas amagan a la sociedad en general. La ambición de los políticos parece insaciable frente a la pobreza y el hambre de gran parte de la población.

Uno de los temas muy característicos del Papa Francisco, es el de referirse a la cultura del descarte. Una característica de nuestra época: el concepto de usar y desechar aplicado a bienes diversos tipos. Pero que, tristemente, se ha transferido a las relaciones humanas. Y así como hay vasos desechables, equipos desechables, y otros muchos artículos más, también hay categorías completas de personas a las que se les considera desechables.

¿Es malo ser rico? No, lo malo es no ser pobre de corazón, o estar apegado a la riqueza sobre lo realmente valioso ante Dios. El Señor no condena la riqueza, condena el mal uso de ésta. A través de la Escritura, aparecen ricos, y muy ricos, que no por serlo cayeron de la gracia del Señor, y en la vida pública de Jesús, hay varios casos en que convive con hombres ricos.

Decía Bonhoeffer, que Pascua significa “vivir a partir de la Resurrección”. Y cuando se cuestionaba sobre la Pascua, respondía que “nos preocupamos más de morir que de la muerte”… y seguía: “Sócrates supo morir, Cristo venció a la muerte”. Para terminar citando a Arquímedes con su famosa palanca: “aquí es donde se halla la respuesta al dame un punto de apoyo y levantaré el mundo”… esta palanca desde donde podemos transformar todo lo que existe, es la Resurrección de Cristo. Es la Verdad desde la que tenemos que configurar nuestra vida cristiana.

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