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En la batalla a favor de la vida, contra el aborto y la eutanasia, el gran argumento es el necesario respeto al derecho primigenio a la vida de todo ser humano. Está bien, pero a los grandes fanáticos promotores del aborto, eso les tiene absolutamente sin cuidado. Saben muy bien que al “interrumpir” un embarazo, al abortar, se mata a una persona humana, este es el problema, para ellos esas vidas no valen nada.

Al iniciar un nuevo año, se impone analizar con qué bríos comenzamos este 2019. Decía el célebre poeta de Castilla, Antonio Machado, en su poema “Cantares”: “Caminante no hay camino/ se hace camino al andar”. Por ello, considero que es importante visualizar con qué garbo y señorío estamos dispuestos a recorrer esta nueva etapa de nuestra vida.

Admiro a esas personas que llegan al ocaso de sus vidas con una sonrisa y siempre animosos. Una de las constantes que les observo es que manifiestan ilusión por vivir, con salud mental y buen humor ante los achaques propios de su edad. Y, habitualmente, son quiénes a lo largo de su existencia han cultivado la alegría, el optimismo y el buen humor.

Sin duda, constituyen virtudes que dan plenitud en la conformación de la personalidad madura y hacen más amable la vida dentro de la familia; a la vez que resultan bastante formativas en los hijos porque todos los hombres y mujeres hemos nacido para ser felices.

Recuerdo que una conocida revista, incluía una sección fija de mucho éxito. Se titulaba: “La Risa, remedio infalible” y se solían publicar una selección de chistes y divertidas anécdotas. Así que numerosos lectores –cuando compraban esta revista- comentaban que se iban directamente a leer esa sección tan entretenida.

Y es que todos necesitamos de la alegría ya que es como el oxígeno vital que reanima nuestro estado de ánimo, aligera nuestras dolencias y nos hace ser más optimistas.

De la proclividad a la alegría surgen un elenco de virtudes, como son: la esperanza con sentido realista; la ilusión por el trabajo diario; la seguridad para enfrentar con serenidad los problemas cotidianos y sin dramatizar; el aprender a conocernos tal y como somos, con nuestros defectos y virtudes; el buen humor y el espíritu deportivo; y, sobre todo, la paz y estabilidad de ánimo.

Una idea que hay que tomar en cuenta es que cualquier bien puede ser fuente de alegría y es importante enseñar a los hijos a ser felices. Para ello es preciso fomentarla, promoverla, incorporarla a nuestra personalidad y de todos en la familia.

¿Cuál son las actitudes necesarias para aprender a ser felices?

  1. Saber disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas. Todos conocemos a personas que tienen la tendencia a mirar “con lentes entusiastas y alegres” lo que de amable tiene la vida y nos enseñan el arte del buen vivir.
  2. Mostrar un sentido optimista ante las personas y los acontecimientos. Tener la capacidad de descubrir lo positivo, en mayor medida que lo negativo.
    Tanto en el trabajo como en el hogar, resultan muy constructivas las siguientes actitudes: a) Valorar el trabajo de los demás: b) Reconocer el esfuerzo y sus logros obtenidos; c) Estimular, reconociendo el trabajo o el estudio bien hechos; d) Animar a los demás para que edifiquen una imagen real y positiva de sí mismos y refuercen su autoestima, eficacia y seguridad.
  3. Sonreír es una manera de educar en positivo. Cuando se corrige a un hijo o a un subordinado de buen modo, de forma amable y constructiva, ¡cuánto ayuda a que los demás busquen superarse alegremente y con espíritu deportivo!

En conclusión, la alegría no está vinculada al tiempo ni a las circunstancias. Se puede ser joven o una persona mayor y vivir siempre alegres; se puede estar enfermo y llevar los padecimientos paciente y serenamente, o bien, tener un problema económico y no perder la esperanza de que esa situación mejorará. La alegría se abre y expande en una persona que se entrega generosamente a los demás. Tiene la característica de convertir ese gozo de su existencia, en una actitud permanente y estable y que -como consecuencia lógica- se termina siendo inmensamente feliz y haciendo felices a los demás, tanto en la familia como en el quehacer profesional y con las amistades.

@Eiar51

Termina un año más. En esta época, a menudo escuchamos expresiones como: “Se me ha ido este año en un abrir y cerrar de ojos”; “Es increíble cómo se pasa el tiempo, ¡casi sin sentirlo”; “¡Los meses y los días se me han escapado como agua entre las manos!” “¿Qué hace que estábamos celebrando el Año Nuevo de enero pasado?”

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