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Cuando era niño, lector voraz, descubrí en casa de mi abuelo una colección de viejos “Selecciones”, que me puse a hojear y a leer. En uno de ellos había un artículo sobre los plásticos, mencionando que tras la guerra (la 2a Mundial), serían una promesa para múltiples usos civiles, pues entonces eran más bien de uso militar.

Para Lili Lanz, venezolana

Un fenómeno social y moral, y en el fondo religioso, es la vida de la conciencia. Convengamos que la conciencia es en lenguaje de Francisco Gabilondo Soler, como el Pepe Grillo de Pinocho. Es ese pequeño ángel que nos dice que está bien y qué está mal de los que hacemos o pensamos hacer.

La exigencia de acabar con los ataques y delitos de odio, con los discursos de odio, de intolerancia y otras expresiones semejantes, son permanentes entre quienes defienden las ideologías de “género”, el aborto y la eutanasia. Pero hacen un uso más que torcido de esas exigencias. ¿Qué sucede?

Hablar de educación sexual se ha convertido en un tema de interés global. Es cierto, la educación abarca todos los aspectos de la vida humana, en todos hemos de mejorar, y la educación ha de tener propuestas para esos variadísimos asuntos. Por tratarse de algo tan trascendente y delicado, vemos la urgente necesidad de afrontarlo con la debida profundidad.

Arcadi Espada dijo hace unos días en TV que “seguir adelante con el niño enfermo” es “una inmoralidad”. Y que el servicio público de salud, y si “detecta una persona con una anomalía grave que va a impedir que lleve una vida normal” no tiene la “responsabilidad económica de mantener a ese hijo en las condiciones necesarias para la persona y su dignidad”. Además, escribió refiriéndose a los que tienen hijos en esas condiciones: “este tipo de gente averiada alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos cada vez más inteligentes, más sanos y mejores”. Según él, “esa persona va a nacer con gravísimas deficiencias que van a suponer para la sociedad un costo que podía haberse evitado”.

Llegó a mi escritorio un artículo publicado este viernes 29 de marzo por el representante en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que lleva el título: “¿Empoderarlas o encarcelarlas?” y que fue publicado originalmente en El Universal. Después de leerlo, no puedo más que decidirme a escribir este artículo con dos objetivos: El primero, poner en primer lugar en la esfera pública, la voz de la mujer y el niño mexicanos. El segundo, que quien quiera aprovechar dicha pieza para ilustrar el estudio para una clase de lógica básica nivel bachillerato pues dicha materia debe ser parte de las habilidades de cualquier ciudadano responsable y que comprende con un corazón internacionalista, la importancia de velar por los DDHH en nuestra sociedad global. ¿El tema de estudio? Aprender a identificar cuando se intenta argumentar con elegantes conjuntos de falacias.

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