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Mientras que en México, los periódicos hablaron de manera exhaustiva del Día de la Mujer, 8 de marzo, como el ‘día de la violencia contra la mujer’, y de las manifestaciones de protesta por miles y miles de mujeres en toda la República Mexicana, quienes además de manifestarse, hicieron un ‘paro nacional sin mujeres’ en oficinas, comercios, etc. por la muerte violenta de cientos de mujeres, por el contrario, en la Organización de las Naciones Unidas, en donde usualmente se reúnen en esta fecha más de diez mil mujeres anualmente en la Conferencia Mundial de la Mujer, este año, hubo gran decepción, casi no hubo aplausos, y los pasillos, atestados en otros años, estuvieron desiertos.

La superlativa indignación y el insoportable dolor frente al horror por desgracia suelen sembrar y hacer crecer una idea terrible en el corazón de algunas personas: la venganza. Y existe un altísimo riesgo al fomentar esa peligrosa certeza de que seríamos buenos verdugos disfrazados de servidores de la justicia.

¿De qué se trata? De la presión antivida para dar absoluta impunidad a quienes asesinen a una persona nonata. Del aborto, pues, término escondido tras la expresión más cómoda de “interrupción (legal) del embarazo”. Este lenguaje logra convencer a muchos de que se trata de ayudar a una mujer en problemas, lo de como dicen en broma “estar ligeramente embarazada”. Pero es algo que no es ninguna broma, se trata del peor crimen que la sociedad puede avalar, permitir, licenciar, liberar de responsabilidades, darle impunidad legal.

El suicidio de una alumna del ITAM es trágico por donde se vea. Por ser una chica valiente (no cualquiera se atreve a entrar al ITAM), valiosa y prometedora. Es fácil acusarla de ser parte de una “generación de cristal”. También es fácil acusar a la familia, al sistema la una escuela o a los profesores. A uno en particular, una de las “joyas de la corona” de los profesores del país. Hasta un desbalance en la química del cerebro puede causar un suicidio. Ciertamente es un ataque brutal a la vida, pero no debemos apresurarnos para condenar a la suicida. Ella será recibida por la misericordia infinita de Dios, que sanará sus heridas y limpiará sus lágrimas.

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