En la batalla a favor de la vida, contra el aborto y la eutanasia, el gran argumento es el necesario respeto al derecho primigenio a la vida de todo ser humano. Está bien, pero a los grandes fanáticos promotores del aborto, eso les tiene absolutamente sin cuidado. Saben muy bien que al “interrumpir” un embarazo, al abortar, se mata a una persona humana, este es el problema, para ellos esas vidas no valen nada.

Precisamente por tener absoluta conciencia de que se mata a una persona, es que los activistas proaborto obsesivamente se oponen a que constitucionalmente se proteja el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural. El mensaje es más que claro: saben que abortar es matar, y les parece bien, no quieren que se proteja el derecho a la vida, ya que ello acaba con el aborto. Como dijo cierta fanática proaborto, que el derecho a la vida se pondría en la Constitución mexicana “sobre mi cadáver”.

De esta manera. Argüir que se mata al abortar no es argumento para convencer a esos fanáticos de la cultura de la muerte, de que no apoyen el aborto o la eutanasia. El combate por la vida debe darse en el terreno de lo jurídico, de la obligación de proteger la vida por compromisos internacionales, que están al mismo nivel de obligatoriedad que la Constitución General. Y por la correcta interpretación del texto constitucional en México.

Insisto: alegar que abortar es matar les tiene sin cuidado, les parece bien que sea así, es la cultura de la muerte en su máxima expresión, y lo que desean es que privar de la vida dolosamente a una persona humana nonata sea despenalizado. Que si una persona mata a otra vaya a la cárcel, sí, a menos de que esa persona asesinada sea nonata. Y los argumentos en favor de la despenalización son absolutamente absurdos, no se sostienen.

¿Ante quiénes sí tiene valor el argumento de que el aborto y la eutanasia son asesinatos? Ante las personas que no están informadas o que son ajenas al tema, que son la mayoría de la gente, pasivas ante el tema. Al insistir en que abortar es matar y que no hay razón para que no se considere delito, se puede conseguir el apoyo entre la gente consciente del valor de la vida, para oponerse a los intentos de legalizar el aborto (y la eutanasia).

Para que quienes han estado pasivos ante la embestida legislativa a favor del aborto, hay que insistir y volver a insistir en que “interrumpir el embarazo” y abortar, siempre, siempre, significan matar a un ser humano, el bebé nonato, algo inaceptable, sin posible excepción. Es la única forma de convencerlos de que apoyen el derecho a la vida ante la cultura de la muerte.

En esta forma, la batalla por el derecho a la vida debe tener dos vertientes: la lucha por el legal derecho a vivir ante los fanáticos proaborto, y la del derecho a la vida ante quienes se mantienen neutrales o ajenos al asunto. Los primeros son pocos, pero muy ruidosos y agresivos, y los segundos son la gran mayoría (silenciosa como diría de nuevo Nixon). Dos batallas en dos frentes, en una misma guerra por la vida.

@siredingv


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