Llegó a mi escritorio un artículo publicado este viernes 29 de marzo por el representante en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que lleva el título: “¿Empoderarlas o encarcelarlas?” y que fue publicado originalmente en El Universal. Después de leerlo, no puedo más que decidirme a escribir este artículo con dos objetivos: El primero, poner en primer lugar en la esfera pública, la voz de la mujer y el niño mexicanos. El segundo, que quien quiera aprovechar dicha pieza para ilustrar el estudio para una clase de lógica básica nivel bachillerato pues dicha materia debe ser parte de las habilidades de cualquier ciudadano responsable y que comprende con un corazón internacionalista, la importancia de velar por los DDHH en nuestra sociedad global. ¿El tema de estudio? Aprender a identificar cuando se intenta argumentar con elegantes conjuntos de falacias.

¿Qué es una falacia? Son frases que plantean un engaño o mentira que se esconde entre palabras. Generalmente no siguen el pensamiento lógico, aunque parecen expresar verdades. Las falacias se aclaran cuando se reflexiona en ellas, pues se hace manifiesta su falta de verdad. Eso es lo que haremos en este ejercicio.

El artículo de Jarab comienza con una falsa elección. A lo largo del texto, resulta evidente que el representante de la ONU plantea el aborto como la única elección, sugiriendo desde el título que sólo hay dos opciones: o darle el lugar a la mujer, o encarcelarla. En sólo esta afirmación hay dos falacias: “la falacia del falso dilema”, que implica asumir que sólo hay dos únicas opciones posibles cuando en la realidad siempre hay más; la segunda falacia es la llamada ‘cum hoc ergo propter hoc’, que no es otra cosa que inferir que dos o más eventos están conectados causalmente, sólo por el hecho de plantear que se dan juntos. En el caso de una mujer, ni siempre está embarazada, ni en todos los casos es en situación inesperada, y menos aún su única opción es abortar. Aún en ese caso podría decidir criarlo, podría decidir entregarlo en adopción o muchas otras posibles avenidas. Por lo tanto, poner la segunda opción contrapuesta a la primera, es una flagrante falacia.

Entonces, lo que Jarab llama  “empoderamiento” de mujeres y el “encarcelamiento” de quien comete un delito, no se correlacionan en sus causas. Es decir, una cosa con otra, carecen de relación alguna. Primero, nadie podría oponerse a que la mujer se desarrolle en todas sus capacidades. Nosotras, las mujeres, quienes tenemos la posibilidad de gestar la vida, tenemos el derecho de encontrar caminos de libertad, potestad, seguridad y confianza. Esto no depende de la sociedad, menos aún de un gobierno. Somos nosotras, las mujeres quienes como participantes protagonistas en la vida pública y privada, impulsamos procesos integrales de acceso a justicia, promoción social, equidad y, principalmente, a la plena información que garantiza libre elección. Por otro lado, que la ley vigente, considere el aborto como delito por ser el homicidio de una persona en el vientre materno, no implica automáticamente que se haga un “encarcelamiento” de todas las mujeres que deciden abortar. Esta ley está hecha para cuidar que las mujeres embarazadas reciban toda la protección, de todas las instituciones, en igualdad de circunstancias y como prioridad nacional, de todos los actores sociales. Esto es algo con lo que el representante de la Alta Comisionada de DDHH en México tiene compromiso de hacer. Cfr. http://hchr.org.mx/images/doc_pub/AcuerdoOACNUDH_22-feb-17_verMEX.pdf

Aclarada esta falacia, es importante clarificar que incluso, el cómo se enuncia esta ley federal hoy en México, es para castigar a quienes promueven, someten o abusan de mujeres para orillarlas a provocarse un aborto. Y con ello, México es reconocido como país miembro de Naciones Unidas, aunque claro que hay muchos asuntos de transversalidad nacional, que nuestro país requiere, con el liderazgo gubernamental, dirigirse en este nuevo sexenio a cumplir, voluntad que ha sido reiterado continuamente por el Ejecutivo, con énfasis en una erradicación de la corrupción en todos los niveles. A este llamado nos unimos y comprometemos instituciones de liderazgo de la sociedad civil organizada, de la academia, de las familias mexicanas que deseamos México progrese en su posicionamiento en el ámbito de competitividad internacional, dirigiéndose a cumplir la Agenda 2030 que naturalmente también brinda marco a la oficina que dirige el señor Jarab en nuestro país. Nuestro México ha hecho y hará significativos avances bajo su compromiso como miembro de la Organización de Estados americanos al cuidar los derechos fundamentales de la persona humana sin hacer distinción de raza, nacionalidad, credo o sexo, que hemos proclamado. Citando el Artículo 33 de la misma, “el desarrollo es responsabilidad primordial de cada país y debe constituir un proceso integral y continuo para la creación de un orden económico y social justo que permita y contribuya a la plena realización de la persona humana.” (1) Precisamente esto hace evidente el falso dilema de que para que la opción contraria a que la mujer pueda desarrollarse, es considerarla como una delincuente por el solo hecho de tomar una decisión en su libertad de conciencia.

Una claridad que tenemos las mujeres es que necesitamos se cuiden a las 2,400,000 mujeres que somos madres al año, es que tengamos todas las condiciones para cuidar de nuestro embarazo desde el primer momento, dada la responsabilidad que tenemos, junto con el Estado, de cuidar de todo mexicano concebido aún sin el deseo de sus progenitores, desde el primer momento de vida. Esto es cuidar de los derechos humanos en toda la plenitud de la palabra. Simplemente citemos el Artículo 4 (2) de la Convención de los Derechos de los Estados Americanos que México se ha comprometido a cumplir y nunca ha habido un reclamo de la comunidad internacional donde se le haya demostrado que se “encarcela” a mujeres por el aborto.

Esto así implica que todas las mujeres, pero especialmente la que se encuentra en embarazo, tiene derecho a recibir toda —pero toda— la información con objetividad científica sobre los efectos o consecuencias de los diferentes procedimientos, del dolor, así como de los fármacos hormonales para abortar. Esto es algo que sí es velar por los DDHH y la equidad de género. El que solo se proporcione información de la existencia de una sola práctica quirúrgica por la vía de la consigna ideológica no es “empoderarlas”, por el contrario, es engañarlas bajo otra falacia formal: el argumento ad ignoratiam.

Más adelante, en su artículo Jarab hace afirmaciones aún más falaces: “Una tradición que es necesaria eliminar es el patriarcado… que se manifiesta en violencia basada en el género”. Analicemos. Esta falacia es ‘de causa simple’ porque se asume que existe sólo una simple causa para un resultado. Desafortunadamente en nuestro país, sí hay demasiados casos muy claros de violencia contra las mujeres, pero es totalmente falso adjudicar esos casos únicamente a una tradición. Tan diverso es México como 2,473 municipios y alcaldías. Tantas tradiciones como apellidos, tantas realidades como número de familias, tanta aportación como cada mexicano. En esto el Sr. Jarab decididamente a la objetividad y a su encargo a dar seguimiento a la situación de derechos humanos en México bajo una apreciación independiente e imparcial. Las mujeres necesitamos esta imparcialidad a fin de que la inversión en este programa de cooperación, verdaderamente se enfoque a fortalecer las capacidades nacionales vinculadas a la protección de los derechos humanos en México.

No queda de más decir que es evidente que, más allá del patriarcado, hay un sinfín de factores que alimentan la violencia contra nosotras las mujeres: el desprecio por la dignidad de la vida humana, el descarte de los vulnerables e inocentes, el reduccionismo utilitario o mercantilista del cuerpo humano, pero especialmente el de las mujeres. Otros factores del entorno como es una polarización ideológica, la violación de derechos humanos en otros grupos de población, la actividad delictiva, el comercio sexual infantil, la inequidad en términos de ingresos y distribución del PIB, entre otros desafíos que nos impiden acercarnos a niveles más altos de progreso y que mantienen a México entre el lugar 48 y el 51 entre las economías del mundo. Aún cuando fue desde el 1 de julio de 2002, que el Estado mexicano y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos suscribieron el Acuerdo para el establecimiento de una Oficina en México que es el que brinda espacio al Sr. Jarab en nuestro país. No olvidemos que se acordó un marco de cooperación mediante la implementación de programas a largo plazo para incidir en la protección de los derechos humanos. Casi 20 años de trabajo ya podría considerarse como ese largo plazo, por lo que aprovechamos para insistir en una revisión de este trabajo de cooperación tan necesario para México.

Volviendo al artículo, según lo expuesto por Jarab, indica que si se eliminase el patriarcado se acabaría la violencia; y, aún suponiendo que lo que él llama “el patriarcado” fuera un “sistema opresor de relaciones sociales sexo-políticas”, es claro que no es el único sistema de tradiciones de la nación mexicana y, mucho menos, el único sistema de “tradiciones” opresor o nocivo para la convivencia humana. Por ello es lógico preguntarse, ¿es dentro de las atribuciones de un funcionario de cooperación internacional el intervenir como extranjero en cuestionar la riqueza de los usos y costumbre de la gran nación mexicana? Este cuestionamiento como sociedad civil organizada, es particularmente importante ahora que Michelle Bachelet, la Alta Comisionada de los DDHH visita nuestro país del próximo 5 al 9 de abril del 2019.

En su texto, Jarab, hace invisible la existencia del niño por nacer, así como la falta de servicios de salud que por años hemos tenido las mujeres, nuestros hijos. La tasa de fecundidad no alcanza para la reposición al menos de ambos progenitores. ¿Cómo vamos a progresar como país? Al invisibilizar la realidad de mujeres embarazadas o niños por nacer dicho sistema es capaz de promover incluso actos inhumanos en favor de una de sus más famosas consignas ideológicas: “aborto libre, seguro y gratuito”. Como si los abortos fueran un producto o un servicio, como si estuvieran aislados de las mujeres o si no se tratara de la supresión de la vida de un ser humano. ¡Eso si es criminalizar y “encarcelar” socialmente!

En otra afirmación, Jarab dice que las niñas y adolescentes son víctimas de injusticia por ser canalizadas a albergues después de un trauma de violación; indica que son privadas de acceso al aborto y privadas de su libertad mientras los violadores siguen libres. Vamos por partes. No es injusticia proveer atención a una niña o adolescente tras una violación; todo lo contrario, es una responsabilidad del Estado y de la sociedad dar a las menores de edad toda la atención posible para ayudarlas a dos cosas durante ese trauma: a denunciar al culpable y a encontrar una forma en que pueda vivir su vida libre, plena, íntegra. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a mayo de 2017, se tienen registradas 12,826 averiguaciones y carpetas de investigación en el fuero común. De las cuales, 5,222 son por violación y 7,604 por delitos como abuso sexual, pederastia y hostigamiento (3). De estas, 8 de cada 10 víctimas de delitos sexuales son mujeres (4); De esta fuente se identifica que 26.9% de las mujeres víctimas son estudiantes; 22.8% empleadas y 12.2% amas de casa. Así, una tercera parte de estas mujeres (29.7%) al ser estudiantes, empleadas o amas de casa, son mujeres que por las diferentes realidades que viven que es lógico que las causas de la violencia que sufren sea mucho más complejas que simplemente afirmar: “es el patriarcado”. Un reduccionismo tan simple, también esconde una falacia.

Particularmente en Ciudad de México, el estado capital, se puede observar cómo desde el 2007, protocolos implementados, apuran como única respuesta y panacea universal el aborto. Revisar que no haya ocultamientos de la violencia por poner cómo única alternativa la decisión a la mujer por aceptar tomar la píldora del día siguiente o bien aceptar someterse a un pseudo tratamiento que implica provocar el aborto de su embarazo ya comprobado mediante compuestos químicos que le provocan la expulsión de su bebé. Con ello, lo único es que se abre la puerta a la impunidad de los violadores y abusadores, los cuales no se denuncian, simplemente porque no se atiende la multifactorialidad que sostiene la estructura de violencia. Así también otro protocolo que es necesario revisar,  es la aplicación indiscriminada de la Norma 046 y que norma los servicios de salud en el país. Más aún, es cuestionable que no se da espacio para que la mujer tenga toda la información posible acerca de las consecuencias de esa única opcion que se le presenta. Por otro lado, nadie cuestiona, el programa masivo de anticoncepción que se ofrece desde hace años a diestra y siniestra como si fueran dulces. ¿No es esto violencia dirigida hacia la población femenina?. O bien, ¿Cuántas mujeres mueren al año por tumores malignos relacionados con la ingesta de anticonceptivos hormonales?

En algo tiene razón el Representante en México de la Alta Comisionada de DDHH de la ONU: es injusto que existan mujeres encarceladas tras sufrir un aborto espontáneo. De haber una sola mujer en esa condición debería ser excarcelada inmediatamente; sin embargo, los casos de personas en cárcel por crimen de aborto en México están compuestos por varones o mujeres que provocaron un aborto o engañaron a una embarazada para abortar. En números, solo son 5 casos. Nunca por mujeres que abortaron espontáneamente. ¿Por qué la mentira?. Insistimos en la imparcialidad a la que se deben todos lo funcionarios y diplomáticos con los que nuestro país tiene un gran gusto de cooperar en el concierto de naciones prácticamente desde inicios del siglo XX.

Y sí, incluso las mujeres que por ignorancia, miedo o presión hubieran abortado en su intimidad y con medios caseros a su alcance, es verdad que la punición por cárcel sería un castigo excesivo a su trauma. Por ello todas las mujeres merecemos contar con toda la información, toda la claridad y todo el apoyo para que puedan recuperar el equilibrio emocional o de salud que han perdido con la temprana muerte de su hijo en gestación. La cárcel es una carga inhumana tras un trauma tan doloroso como el aborto.

Pero la falacia más grande e injusta que comete Jan Jarab en su texto es la de “envenenar el pozo”; Es el conjunto de falacias que implica el conjunto de cada uno de los párrafos de su artículo, el cual tiene como último interés, desacreditar a quienes discrepan de su posición ideológica: en el primer párrafo desacredita a las tradiciones; en el segundo, a los valores morales; en el tercero, a las obras de las asociaciones religiosas; en el cuarto a la posición social; el quinto acusa a las leyes mexicanas; en el sexto, a la Santa Sede; el octavo, a los congresos estatales. Una vez ‘envenenado’ todo lo que critica, Jarab hace un solo remate lógico y válido: No se puede excluir a mujeres y niñas hay que evitar la injusticia y la discriminación. Nadie en sus cabales podría estar en desacuerdo con esto último, pero esa afirmación verdadera, no hacen verdaderas todas las falacias vertidas por Jarab. ¿Qué representa entonces Jarab? ¿Qué resultados ha ayudado a hacer el representante en nuestro país? ¿Qué programas de cooperación ha apoyado su oficina en los últimos años? Mujeres, exigimos claridad al respecto. Que en su visita a México, la Alta Comisionada de los DDHH se le facilite el diálogo con todos los grupos que representamos mujeres en México. Con mucho gusto Sr. Jarab, puede localizarme a través de SIGNIS México para que centenares de grupos de servicios, miles de voluntarios que trabajamos en albergues para mujeres, jóvenes y niñas en la más alta vulnerabilidad, así como decenas de instituciones que representamos a miles de familias mexicanas que por generaciones enteras ahora, con nuestra participación y dedicación, regalamos con la más excelsa generosidad, nuestro tiempo, talento y recursos para velar por estas mujeres, por sus pequeños, por todos los mexicanos.

Concluyo con este razonamiento: No puede haber tal dilema entre dar el lugar a la mujer en la sociedad que es lo que le llama “empoderar” contra la opción “encarcelar”. La única manera de “dar poder” a una mujer es salvaguardando la dignidad de su vida y la de su hijo. La vida de la nación mexicana. Por tanto, esto sucede, cuando se persigue a quienes nos orillen a tomar decisiones con falsos dilemas, a quien nos intente engañar para matar a nuestros hijitos; las mujeres exigimos toda la información para poder decidir por nuestra salud y la salud de nuestros hijos, de nuestros cónyuges, de nuestras familias.

Y, finalmente, se puede cuidar de todas las mujeres, sea que hayan abortado o no. En cualquier circunstancia, todas, todas las mujeres mexicanas. Y aún más, las que habiendo abortado serán confrontadas por su conciencia. Necesitamos servicios de salud que preserven y enaltezcan nuestra dignidad y la de los mexicanos. Asegurar la cobertura universal. Es sencillo, los derechos humanos comienzan con el reconocimiento del pleno derecho a la vida de todo ser humano, así como el enaltecimiento de la dignidad de la vida de todos los seres humanos desde su concepción y hasta su muerte natural. A las mujeres nadie las “empodera”, somos mujeres y cuidamos la vida.

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Beatriz González es Co-Presidente de la Fundación Vida Florida y miembro de SIGNIS México, la Asociación Católica Mundial para la Comunicación.

(1) Cfr. CARTA DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS. Reformada por los Protocolos de Buenos Aires, 27 de febrero de 1967, Cartagena de Indias, 5 de diciembre de 1985, Washington, 14 de diciembre de 1992, y Managua, 10 de junio de 1993. Publicada en el DOF (Diario Oficial de la Federación México), el 13 de enero de 1949.

(2) https://www.oas.org/dil/esp/tratados_b-32_convencion_americana_sobre_derechos_humanos.htm

(3) Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Secretaría de Gobernación. Centro Nacional de Información (2017), Incidencia Delictiva del Fuero Común 2017

(4) Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) (2016), Diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México. Comité de Violencia Sexual, 2016. Informe Final