Arcadi Espada dijo hace unos días en TV que “seguir adelante con el niño enfermo” es “una inmoralidad”. Y que el servicio público de salud, y si “detecta una persona con una anomalía grave que va a impedir que lleve una vida normal” no tiene la “responsabilidad económica de mantener a ese hijo en las condiciones necesarias para la persona y su dignidad”. Además, escribió refiriéndose a los que tienen hijos en esas condiciones: “este tipo de gente averiada alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos cada vez más inteligentes, más sanos y mejores”. Según él, “esa persona va a nacer con gravísimas deficiencias que van a suponer para la sociedad un costo que podía haberse evitado”.

El padre de un niño con síndrome de Down respondió muy bien a esas declaraciones de ignorancia, ya que el amor está por encima de los condicionantes que pueda tener alguna discapacidad: todo ser humano tiene derecho a vivir, y tanto la Constitución española como los tratados internacionales protegen estos Derechos Humanos.

A esto quisiera añadir que hemos visto en la historia muchos tipos de discriminación por motivos de raza, como Hitler contra la raza judía; además los nazis estudiaron mucho ese “diseño de hijos cada vez más inteligentes” del que habla el periodista. Ya antes Malthus decía que los pobres no tenían derecho a vivir: "Nos sentimos obligados por la justicia y el honor a negar formalmente que los pobres tengan derecho a ser ayudados". Los veía como enemigos del equilibrio social, y sugería reducir su natalidad.

No pensaba en su ignorancia que extinguir la pobreza es mejor que extinguir a los pobres. Ahora ese señor Arcadi nos habla del “costo económico” que suponen las discapacidades, y no cuenta con que desechar a las personas por sus discapacidades es crear la mayor inseguridad ciudadana: cuando los derechos de las personas no prevalecen sobre la política partidista, aparece el totalitarismo, sea neomalthusiano, nazi o de cualquier otro tipo, como el que propone ese señor que no concibe cuidar de los enfermos y discapacitados. Si su motivación es tan utilitarista de evitar la vida de alguien por motivos de “costos” para el Estado, ¿qué argumento usaría para impedir la muerte de quien ha adquirido esas deficiencias a lo largo de su vida o en la vejez cuando la decrepitud se vuelve una discapacidad? ¿Qué seguridad da una ética tan vacía de contenido?

La dignidad de la persona debe de situarse como base de toda la vida: todas las personas tienen derecho a una vida plena. Y la belleza de la vida se manifiesta también en la discapacidad y en el reto que representa para las personas que están alrededor, y el mejoramiento en el amor que conlleva para todos, ya que el verdadero aprendizaje de esta vida no es el egoísmo de pisar los derechos de los demás, sino el amor, que nos mejora como personas.

@lluciapou