Cuando era niño, lector voraz, descubrí en casa de mi abuelo una colección de viejos “Selecciones”, que me puse a hojear y a leer. En uno de ellos había un artículo sobre los plásticos, mencionando que tras la guerra (la 2a Mundial), serían una promesa para múltiples usos civiles, pues entonces eran más bien de uso militar.

Y efectivamente, los plásticos se fueron convirtiendo en materiales de usos en todas las actividades de la vida, desde el hogar hasta la industria y construcción de vehículos. Todo parecía ir bien, pero además de sustituir materiales metálicos, de madera, papel y cartón en muchos objetos, los plásticos fueron siendo el medio de envase, empaque y envoltura preferido del mundo.

Y esta última función es la que se ha convertido en la gran pesadilla del mundo. Su abuso ha creado inmensas cantidades de desechos, que deberían ir a lo que llamamos “basura”, pero que en la práctica se están tirando por todas partes, por millones de toneladas.

Hace tiempo, investigando sobre procesamiento de la basura, me encontré un artículo titulado “La basura no existe”, y ya leyendo, vi que era cierto, todo lo que llamamos “basura” puede ser rehusado, de una forma u otra, y buena parte de ella se puede reciclar: metales, vidrio, madera, papel y cartón y sobre todo plásticos, lo más abundante.

Pero no es así. Todos los desechos llamados basura son como una maldición de la que hay que deshacerse, y así, gran parte de ellos son enterrados, en el mejor de los casos y en el peor dejados en “tiraderos” al aire libre, mezclados sin cuidado alguno.

El mundo apenas está creando la conciencia y la disciplina de separar la basura, para reutilizar una buena parte, sujeto ello a los costos directos involucrados. Lo que poco se toma en cuenta por la población, es el costo social de no reciclar u reutilizar la basura. En especial, de nuevo, los plásticos.

Pero lo peor de lo peor de los plásticos, es que el mundo, irresponsablemente, se deshace de envases y empaques plásticos en donde sea, y en especial tirándolos al agua, en ríos, lagos y al mar. Es inexplicable cómo millones de personas pueden simplemente tirar plásticos, en especial botellas y bolsas, en donde sea, una vez que las vacían. Y así las vemos por todas partes, en las calles, banquetas, en parques y jardines y en las playas.

Ninguna de las campañas de concientización, para que la gente deje de tirar botellas y envases plásticos en donde sea, ha dado resultado, casi nadie, tras utilizarlos, se preocupa de llevarlos a depósitos de basura, mucho menos a sitios de recolección para su reciclaje. Esta falta de conciencia, a nivel mundial, es asombrosa. Y así, los plásticos se volvieron pesadilla, no por sus usos en mobiliario o en vehículos, como sí en envases de todo género.

Cuando se ven fotografías de playas muy concurridas y populares, llenas de basura tras la partida de los bañistas, en particular de envases de comida, no hay manera de explicar cómo eso puede parecer normal a la gente.

Hay varias formas de disminuir el problema de la pesadilla de los plásticos. Una de ellas es la regulación legal de su uso, y de obligar a la gente a depositar su basura plástica en medios que faciliten el reciclaje. Son de notar los esfuerzos por reducir su uso, particularmente en bolsas plásticas y en “desechables” de platos, vasos, tazas, cubiertos y popotes (pajillas), y aunque el uso de botellas “desechables” de agua y otras bebidas, es lo peor como problema, su reducción se ha vuelto más difícil.

La industria del mundo no ha razonado sobre el grave problema de utilizar plásticos “desechables”, en especial en envases y empaques. Salvo honrosas excepciones, no hay conciencia del problema que se está causando a nivel mundial. El reciclaje es mínimo, cuando podría serlo al cien por ciento, no hay nada que lo impida. ¿Qué eso tiene costos? Claro que sí, pero el costo de contaminar tierra y agua con millones de toneladas de basura plástica no es tomado en cuenta por la industria, por las familias y por el comercio.

Sobran las advertencias, las alertas sobre la contaminación por plásticos y cómo su acumulación por su abandono en tierras y aguas lleva a una crisis mundial. Pero es necesario insistir en ello, educar a la población a colaborar en el reciclaje total de plásticos, educar a la industria y al comercio sobre el uso racional, no indiscriminado como lo es ahora, para empaques. Y lamentablemente necesario, imponer sanciones por el mal uso de plásticos “desechables”.

La pesadilla plástica debe detenerse y revertirse, pero ello requiere de enormes esfuerzos, campañas y leyes para detenerla y revertirla, con educación de niños y en especial de adultos. El mundo ya está pagando el precio de tirar plásticos por todas partes y contaminar tierras y aguas. No algo, sino, mucho, pero mucho deben hacer los gobiernos, la academia y la sociedad, para corregir el abuso del plástico, ese que, en la Segunda Guerra, era visto en los Estados Unidos como una gran promesa, no como la actual pesadilla.

@siredingv