¿De qué se trata? De la presión antivida para dar absoluta impunidad a quienes asesinen a una persona nonata. Del aborto, pues, término escondido tras la expresión más cómoda de “interrupción (legal) del embarazo”. Este lenguaje logra convencer a muchos de que se trata de ayudar a una mujer en problemas, lo de como dicen en broma “estar ligeramente embarazada”. Pero es algo que no es ninguna broma, se trata del peor crimen que la sociedad puede avalar, permitir, licenciar, liberar de responsabilidades, darle impunidad legal.

Pero mientras se utilice lenguaje que oculta lo que realmente es, muchas personas pensarán que está bien eso de permitir a las mujeres, impunemente, deshacerse de su hijo nonato, por medio del aborto. Y este término, aborto, también es fácil, desgraciadamente, de aceptar sin condiciones, pues permite a las mujeres, como se busca justificarlo, a vivir su vida sin el problema de cargar con un hijo no deseado (provenga de sexo impuesto o deseado).

Lo que insisto es que el lenguaje permite a los promotores del aborto, convencer a otras personas de que es razonable el despenalizar este delito. Aunque insistan en que realmente es delito, pero que no sea punible, bajo diversas condiciones, como el no haber cumplido cierto número de semanas de embarazo, y aun llegando al terrible grado de que se valga abortar un bebé al término del mismo, justo al dar a luz. Lo más grave es que se defienda la idea de despenalizar el dar muerte a un bebé inmediatamente después del parto. Y esto ya es algo que ni siquiera pueden llamar aborto.

Y abortar es, sin forma de evadirlo, matar una persona nonata (quienes todavía dicen que no es persona, sino una bola de células o algo así tienen la batalla perdida ante la ciencia médica). Y si en vez de hablar de aborto (y menos aún de “interrupción del embarazo”), se usa el lenguaje exacto, que es matar personas nonatas, es más fácil recurrir a la legítima defensa de los derechos humanos, en especial al derecho humano primigenio, el de la vida, sea de nonatos o nacidos.

Si alegamos que la defensa de los derechos humanos inicia con defender cualquier vida, vamos directo al grano: abortar es matar. Porque defensores de la vida ante los homicidios hay muchos, pero en general evaden el caso del aborto.

Todos los defensores de las mujeres, en contra de los llamados feminicidios y en general en contra del inaceptable número de homicidios en países o en el mundo, defienden el derecho a la vida de dichas personas asesinadas. Quienes están en contra de actos de guerra o de terrorismo que mata, también defienden el derecho a la vida, pues alegan, justamente, que no se puede privar de la vida a inocentes.

Quienes alegan que ante un preocupante aumento de asesinatos de mujeres (por ser mujeres) que se debe defender la vida, con la frase conocida de “ni una más”, o la otra de “ni una menos” (viva), deben enfrentar el hecho de que, de cada cien bebés asesinados en el vientre materno, cuarenta y nueve son mujeres. Y peor aun cuando el aborto “selectivo” se realiza porque el bebé es mujer, se le está matando precisamente por ser mujeres: feminicidios, pues.

Ante las preocupaciones públicas por la inseguridad reinante, que permite que se asesinen personas impunemente, en especial mujeres y menores de edad (allí sí van los varoncitos), se debe incluir la defensa de las personas nonatas, que no se cometan crímenes en su contra impunemente, al incluir en legislaciones penales, que el delito de llámenle aborto, interrupción del embarazo o algo semejantes, la liberación de responsabilidad penal. Si se lucha contra la impunidad, tenemos el derecho a exigir que el crimen de matar nonatos no puede gozar de impunidad.

En el caso de México, el presidente López Obrador declaró textualmente que “se debe proteger la vida de hombres y mujeres, de todos los seres humanos”. Conviene así exigir que esa declaración impida que se despenalice quitar la vida a seres humanos nonatos, sean hombres o mujeres, en la legislación penal mexicana.

@siredingv

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Salvador Reding es miembro SIGNIS México


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